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Crónicas

De

Nirguda

Tierra Mágica

El viejo cascarrabias lanzo un vaso de bambú que voló por el aire hacia la cabeza del joven esclavo, lo esquivó con habilidad. Ya tenía experiencia en esquivar objetos, desde piedras hasta zapatos y huesos de pollo. Su amo que estaba ya emborrachado le dijo:

--Anda a recoger la mesa y a lavar los platos, tonto.

--Si mi amo -contestó el niño con voz temblorosa.

Alfonzo lo miró con desprecio como siempre, el solo sonreía para burlarse de su esclavo.

El joven de unos catorce años, de facciones suaves y cabello profundamente negro, muy fino y liso, que le caía a ambos lados del rostro, cuyo nombre era Ely, hizo tal y como su amo le dijo.

Vivían en una casa grande, con puertas altas y un gran jardín lleno de hermosas flores que despertaban en la mañana un aroma exquisito. Todos los miércoles salía a acompañar a Alfonzo, su amo gordo y bigotudo, y con otro de sus criados al mercado. A su amo le gustaba ir porque se encontraba con sus amigos y vecinos y aprovechaba de ponerse al día con los chismes del pueblo, en ocasiones el esclavo se quedaba sólo con las compras que se hacían cerca de una tienda de venta de plantas medicinales mientras su amo compraba otras cosas, allí se encontraba siempre el dueño de la tienda y un esclavo que no era humano, era un orco, los orcos eran criaturas de aspecto horrible, poseían gran fuerza y obtenían habilidades de lucha que usaban en las  guerras, también los utilizaban para hacer el trabajo pesado en los comercios y en las casas, como no eran muy inteligentes siempre estaban de esclavos de los humanos y no atrevían a revelarse contra ellos pues no conocían otra forma de vida que no fuera el de ser esclavos. El orco que se encontraba en la tienda miraba al chico siempre con curiosidad, porque los esclavos que conocía eran todos orcos y no humanos, menos un chico de unos 14 años como el. Vestía pantalones con parches en las rodillas y traía muchos remiendos en su franela, tenia solo dos mudas de ropa pero ambas estaban en las mismas condiciones. Un día el dueño de la tienda le coloco en la basura un pantalón y una franela que tenían colores vistosos que el dueño de la tienda aborrecía y cuando lo iba a botar el niño lo observo y cuidadosamente lo saco del bote de la basura y lo guardo celosamente de su amo. Un día despierta muy emocionado en su cama hecha de paja en el establo, con su cabello rubio maltratado y un poco largo, apartándose un mechón de los ojos color miel que parecen que cambian de colores con el sol, y se dice en voz baja:

--Hoy es el gran día.

Tenía planeado un escape, y ese día era el que tanto había estado esperando. Recogió su poca ropa y un poco de comida, la que pudo obtener, se coloco la ropa que había recogido días atrás para así no levantar sospechas de identificarlo como un esclavo ya que ni los pantalones ni la franela tenían remiendos, y lo llevarán a su amo o peor aun, a otro amo que podría llegar a ser peor que su actual amo. Emprendió el viaje, había esperado al alba, pues ese día en la casa todos se levantaban un poco tarde, así que obedeció a su deseo de libertad, aunque no sabía muy bien a donde específicamente iría, pero cuando ya se estaba acercando al camino para irse fuera de la ciudad, se apareció una caravana de carretas que hizo que se desviara del rumbo. Ahora se dirigía al mercado, desde allí conocía un camino que lo llevaría fuera de la ciudad. Se mezclo entre las personas que estaban en el mercado, pero de pronto escucho a alguien que dijo:

--Hey tu, ¿donde esta tu amo?

El chico se puso nervioso y empezó a correr desesperadamente, tras de el escuchó que decían:

-Yo te conozco, agárrenlo no lo dejen huir, se escapa, se escapa.

Habían ya tres personas tras del chico, empezaron a caminar apresuradamente pero luego al ver que el chico corría muy rápido empezaron a correr ellos también, el joven era ágil y se escabullía entre la gente. El chico llega a un lugar donde había muchas cajas grandes con tapas, y se esconde en una de ellas.

--Esperare aquí hasta que dejen de buscarme- Pensó.

Escucha unas voces que decían.

--Se metió por aquí, búsquenlo no debe estar muy lejos.

Como el adolescente estaba tan asustado esperó una hora aproximadamente, luego escucha mucho ruido como si estuvieran arrastrando cosas pesadas o las mismas cajas de su alrededor, era tanto el ruido que no se atrevía a salir, de pronto siente que mueven la caja donde el se encontraba, se estaba movilizando, su corazón estaba a punto de salirse del miedo que tenia, al mismo tiempo escucho voces que decían:

--¿Esta caja para donde va?

--Colóquenla por este lado.

El niño no hace el mínimo intento de salir porque tenia miedo, luego de un rato ya se calma el movimiento, sigue escuchando las voces de alguien que dirigía el mover de las cajas y cosas por el estilo, además del ruido del arrastre de otras cajas.

Luego de un rato largo, se quedo todo en silencio, tal vez pasaron cinco o seis horas, tenia una leve sensación como si se movía el suelo, no sabia cuantas pero empezó a sentir sueño, el supuso que ya era de noche, fue entonces que decidió salir de su caja a explorar donde estaba, cuando se dio de cuenta estaba en un lugar oscuro, noto que todo a su alrededor era de madera.

--Ahora estoy cautivo en otro lugar- se dijo en voz baja.

Subió por una escalera para abrir lentamente una puerta en el techo, al abrirla suavemente se dio de cuenta de que había un olor que le recordaba algo, y al abrir mas la puerta con mucha cautela observó que estaba rodeado de agua, rápidamente cerro la puerta y analizo donde se encontraba.

--Estoy en un barco- se dijo.

Pero allí mismo abren la puerta del techo y Ely baja rápidamente pero el hombre lo ve, entra y cierra la puerta tras de si y grita:

--¿Quien eres?, ¿Que haces aquí?, ¿Como has llegado hasta aquí?

El joven temblando de miedo se queda quieto donde quedo y le dice:

--No me tires a los tiburones, no me mates por favor- dijo Ely con voz temblorosa.

El hombre, de unos cuarenta años, alto y musculoso, de cabello castaño corto y expresión grave y severa se compadeció del chico al verlo indefenso además que le recordó a su hijo que casi no veía por estar trabajando todos los días y todo el día, le respondió:

--Tranquilo muchacho no te matare, descuida.

El joven no paraba de llorar silenciosamente y temblar de miedo, el hombre sintió lastima e incluso cariño por el chico.

Estuvo allí hasta que logro calmarse y dejar de temblar y llorar, entonces dijo el hombre:

--Niño, ¿Como has llegado tu aquí?-

--Es una larga historia mi señor.

--¿Cual es tu nombre niño?

--Soy Ely - respondió con voz temblorosa.

--¿Donde estoy?

--Estas en el almacén de comida del Artis, un barco, estamos saliendo de la tirra de Mintrhys y nos estamos dirigiendo al océano para explorar nuevas tierras, ya han encontrado varias, allí se encuentra el líder Horpa, claro, es posible que no llegaremos sino al mismo lugar que salimos je je je- le respondió el hombre de ojos negros y cejas pobladas.

--¿Horpa?- murmuró Ely. El sabia quien era, el fue quien lo saco del orfanato y lo vendió como esclavo, sentía una sed de venganza hacia el por desgraciarle la vida con el amo que tenia.

--Soy Jorge, por los momentos me tengo que ir, pues vine a buscar comida para la tripulación, escóndete bien, porque no todos son como yo, aquí en el barco hay orcos muy malhumorados y otros hombres que no creo que sean dignos de que le des compañía.

Ely respiro profundamente de alivio.

--Gracias- fue lo único que logro escapar de su boca el joven.

--Me gustaría decirte que cuentas conmigo, pero lo único que puedo hacer por ti es ignorar que tu estas aquí.

--Esta bien, ya eso es mucho- le respondió Ely sonriendo.

Inmediatamente Jorge se coloco de pies, sin decir nada mas fue a buscar los lotes de comida que tenia que subir para la cena de ese día, y sin decir una sola palabra se fue del almacén.

El chico se dio cuenta de que estaba en una especie de paraíso para el pues acababa de enterarse de que dentro de ese montón de cajas había comida, así que busco un poco de pan y frutas y comió hasta saciarse, nunca había sentido esa sensación de llenura en su estomago pues en la casa de su amo solo comía de las sobras de su amo e incluso de sus criados.

Luego de unos días Ely estaba comiendo tranquilo cuando se escucha un leve golpe en la puerta y entra alguien en el almacén, por la forma de entrar Ely supo que no era Jorge, empieza a buscar desesperado en las cajas, buscaba algo, parecía desesperado o lo que sea que buscaba necesitaba encontrarlo antes que alguien viniera. La persona que estaba allí revisaba en las cajas y se acerca a el lugar donde estaba Ely, el joven estaba muy nervioso, porque lo siente cada vez mas cerca, pero escucha que se retira de el, un paso, luego otro paso, pero nuevamente se dirige hacia un lugar cerca de donde esta el, de pronto siente una presión fuerte en su cuello y en instantes ve que esta en el aire y sin poder respirar. Ante él se hallaba un orco, lo miraba con mucha rabia en los ojos.

--¿Quien eres y que haces aquí?- preguntó el orco.

--No ppue edo o o  re e espirar- apenas le salió esas palabras porque estaba ahogado con la presión que ejercía el orco sobre su cuello, no tenia dificultad en ejercer tanta fuerza porque Ely era delgado, Sus ojos verdes se clavaron en él, inquisitivos.

Era la primera vez que se encontraban, de eso Ely estaba seguro, pero, por alguna razón, no pudo evitar sentir repulsión hacia él. De pronto se escucha una voz que dice:

--Suéltalo ya- dijo con autoridad.

Ely cae al suelo intentando respirar, se le dificultaba mucho debido al gran apretón del orco en su cuello. Como pudo subió la cabeza para ver quien había entrado, reprimió el estremecimiento y lo miró a los ojos, era Jorge que había aparecido de la nada, interponiéndose con su espada entre Ely y el orco. Envainó su espada. Había algo en Jorge que inspiraba respeto. El orco lo miró y parecía impotente ante aquella situación, no parecía querer revelarse a Jorge. Luego, ante la mirada de Ely, el orco  sacó una espada de la espalda y le lanzo un golpe a su oponente. Jorge extrajo nuevamente la espada de la vaina que llevaba sujeta a la cintura y paró el golpe de su contrincante con gran rapidez y agilidad. Ely, paralizado de terror, se quedó mirando cómo aquellos dos iniciaban un duelo de espadas en el almacén del barco.

Voltearon algunas cajas y mesas, destrozaron unas jarras de agua potable con una estocada que no dio en el blanco. Ely veía impotente a aquel destrozo. El orco se movía con seguridad, y los golpes que descargaba eran fuertes; pero Jorge era mucho más rápido, ágil, silencioso y letal, de pronto el orco cayo al suelo inmóvil, estaba muerto.

--¿Ves lo que pasa muchacho cuando los orcos se revelan? Ellos poseen fuerza pero no la agilidad ni la inteligencia de los humanos, por eso ellos se someten a nuestra autoridad- dijo Jorge aun con la respiración agitada por la lucha.

--Si, ya veo- respondió Ely.

--Intenta refugiarte, no hagas ruido ni dejes rastro de ninguna especie ¿de acuerdo muchacho?

--De acuerdo señor- Dijo Ely bajando la cabeza.

Jorge recogió el cadáver del orco y lo subió a la cubierta del barco.

Cuando se fue recordó lo que el orco estaba haciendo cuando entro, estaba buscando algo pero ¿Qué buscaba? Medito un poco pero no le hizo mas caso a eso.

Al cabo de unos días ya escaseaba el alimento, no había casi comida, empezó a comer granos de maíz sin cocinar, y restos de panes tiesos. De pronto siente que hay fuertes pisadas en la cubierta del barco, parece que hay una especie de revolución.

--¿Sera que están peleando humanos y orcos?- dijo Ely.

Pero también logro percibir risas y gritos de júbilo.

--Al parecer me equivoque, no parece que estén peleando, pero, ¿que ocurre?- pensó.

La compuerta se abre al rato y  Ely se esconde como puede, no puede hacer más que esperar quien entra por la puerta,

--¿Ely donde estas?- era Jorge.

Ely salto rápidamente y le pregunto:

--¿Que ocurre allá arriba?

--Hemos visto tierra, pero no parece la tierra nuestra, en unas horas llegaremos.

--Estamos salvados porque ya no teníamos comida- dijo Ely con alegría en su voz.

--Tienes razón, cuando lleguemos te esconderás bien para que no te descubran y luego volver de viaje a nuestra tierra Mintrhys.

Ely se quedo pensando unos instantes, se le iluminaron los ojos y miro a Jorge.

--No espera, tengo un mejor plan.

--¿Otro plan? ¿Que otro plan mejor que esconderse y esperar a que volvamos a Mintrhys niño?

--Es que....- Ely espero unos instantes, y miraba a los lados hasta que respondió:

--No quiero volver a Mintrhys, me quedare aquí.

--¿Queeee, estas loco? Estamos a varios días de casa, además se rumora que bajo el mando del capitán Horpa se ha estado conquistando estas tierras que pertenecen a otra raza y han ocurrido situaciones un poco adversas, como es una conquista los pobladores de la nueva raza están en resistencia y ocurren enfrentamientos con ellos…. ¿estas seguro de lo que dices?- preguntó Jorge.

Ely medito las palabras que le dijo el hombre pues tenia razón, y eso lo ponía nervioso, pero después de todo,

--¿Que voy a perder? Además el capitán Horpa, tengo que hacer pagar lo que me hizo- pensó Ely.

Así que respondió con firmeza:

--¡No voy a volver a tras!

El hombre noto la firmeza de sus palabras tanto que lo puso nervioso.

-- Está bien, me cuesta aceptar tu decisión pero te la respetare- dijo Jorge con un gesto de confusión.

 --Esto será lo que haremos, en esta tierra desembarcaremos los cajones, para ir y abastecernos de comida, cuando eso ocurra tu te introduces en una de las cajas y yo con la ayuda de los orcos te desembarcare en un lugar estratégico, para que logres escabullirte, ¿estas de acuerdo?- le dijo muy serio el Jorge con cara de asombro aun por la valentía del chico.

--Gracias, no se como agradecerte- le dijo Ely con una gran sonrisa en el rostro.

Jorge sin mas se alejo de el, abrió la compuerta y salió a la superficie. Unos minutos después el barco se detiene, parte de la tripulación desembarcan en pequeños botes y se dirigen a tierra firme.

Luego de unas horas mas tarde regresan algunos pero esta vez dan órdenes de trasladar cajas para traer suministros de comida para el resto de la tripulación, es allí donde Jorge empieza a llevar el plan, el hombre va y advierte a Ely rápidamente.

-- Ely, Ely, ya nos vamos, entra en la caja de color azul esa misma será la que yo vendré a llevar- dijo Jorge cerrando tras de si la puerta del almacén.

Ely asiente con un gesto de afirmación con su cabeza.

De pronto siente que abren el seguro de la puerta y como puede se introduce rápidamente en la caja azul y la cierra inmediatamente. Entran tres orcos con Jorge buscando las cajas y una de ellas era la caja azul donde se encontraba Ely, los orcos la toman y no dijeron nada porque estaba mas pesada esa caja, las colocan en el bote y la llevan a tierra firme para llenarlas de comida y todo tipo de suministros.

Al cabo de un rato el bote llega a tierra firme, y colocan las cajas en la playa, Jorge ordena a los orcos que coloquen las cajas cerca de unos matorrales para que no estorben, luego Jorge se acerca disimuladamente a la caja azul y mirando a sus alrededores, actuaba como si estaba inspeccionando las cajas, entonces le habla a la caja azul:

-- Ely tienes unos pocos minutos, volteare la caja y estarás de frente a unos matorrales, nadie te vera pero debes actuar rápido ¿entendido?- dijo Jorge en voz baja.

--Entendido Jorge, gracias- Exclamó Ely desde el interior de la caja.

Jorge volteo la caja en dirección a los matorrales tal como había dicho y se alejo de ella.

Inmediatamente después Ely quito la tapa, y se encontró de frente a unos matorrales y se sumergió en ellos, se acostó y empezó a arrastrase hasta que llego a unos arboles donde pensó que era lo suficientemente seguro como para levantarse y continuar corriendo, se escuchaban gritos que parecían de hostigamiento y al levantarse miró atrás para saber que estaba ocurriendo, se encontró con que los orcos y los humanos estaban maltratando y sometiendo a unos seres que no parecían del todo humanos, tenían un aspecto sutil, un color de piel diferente, mas oscuros, y sus cabellos hermosamente lisos y de color embriagantemente negros y tanto los hombres como las mujeres eran de rostros perfilados.

Uno de los hombres mira hacia donde está Ely, se dan cuenta de que algo no está bien e inmediatamente gritan:

--Un rebelde- inmediatamente dos orcos voltean y corren a buscar al chico con dos hombres. Ely reacciona y logra correr huyendo escabulléndose en el bosque. Como los hombres y los orcos estaban un poco retirados le dio ventaja a Ely, estuvieron así a toda velocidad por el bosque pero se había mucha maleza y diversidad plantas y arbustos que entorpecían el paso a sus perseguidores, a el también pero no tanto por ser muy ágil, siente los gritos de ellos cada vez mas cerca, Ely estaba demasiado cansado, ya no podía correr mas, de repente se tropieza con un tronco y termina aparatosamente en el suelo, uno de los orcos esta llegando hacia el pero unos metros antes de llegar cae al suelo como desmayado. Los otros que le perseguían se quedan con las manos arriba, Ely no entiende que ocurre, uno de los hombres cae al suelo también, el orco y el otro hombre huyen despavoridos. Ely mira con detenimiento al orco que cayo cerca de el y se da cuenta de que tiene atravesada una flecha en el pecho, en ese momento mira a su alrededor pero es sorprendido por varios de los guerreros de la nueva raza, estaban apuntándole con arcos y flechas y lanzas, allí mismo lo amarraron rápidamente y lo montaron en hombros.

Ely siente una picadura en una mano y se quedo dormido en los brazos de la gente de la nueva raza, cuando despierta tiene alrededor a muchas de aquellas personas Eran unas criaturas de una belleza salvaje y juvenil, de facciones finas y delicadas y unos enormes ojos rasgados, semejantes a los de un gato, de color entre pardo y dorado, que brillaban como topacios y parecían traslúcidos como el cristal coloreado. Ely pudo ver que sus orejas eran alargadas y puntiagudas. Largas túnicas cubrían sus cuerpos delgados y esbeltos.

El chico no dijo nada al principio, hasta que se dio cuenta de que lo estaban mirando fijamente aquellos seres, bajó la mirada confuso.

Uno de ellos se acerca y ladeó la cabeza mirándolo con curiosidad.

Escuchaba que hablaban muy suavemente, sin embargo capto que tenían un acento agradable y musical.

Se acerca a él alguien de aspecto fornido, un poco mas alto que estaba vestido con una túnica de colores vivos, esos colores le eran muy familiares pero no le llegaba a su mente donde los había visto. Los demás inclinaron su rostro en señal de respeto frente a la persona recién llegada.

--Creo que es el jefe de ellos- pensó.

Ely estaba tan nervioso al verlo que empezó a llorar y clama por su vida, pero el jefe se le acerca y ladeo la cabeza viéndolo llorar, dijo algo con voz suave, Ely no logro escuchar lo que dijo debido a su propio llanto. Casi instantáneamente se acercaron a el y lo desataron, le dieron comida. Era una especie de sopa que tenia un aspecto extraño y un sabor diferente a lo que había probado antes pero deliciosa, además que tenia hambre. De pronto alguien viene corriendo y dice:

--Vámonos, están cerca.

Casi al instante y en absoluto silencio recogieron las tiendas y emprendieron un viaje, Ely se dio cuenta de que se estaban alejando de las costas. La raza de hombres y orcos estaban invadiendo sus espacios y estaban declarados en guerra para dominar las tierras.

Todos los de la nueva raza que estaban allí estaban armados, tenían arcos y flechas largas y cortas, espadas, cuchillos y dagas de diversos tamaños en sus cinturas, además de las lanzas que tenían algunos. Ely sin oponerse siguió su rumbo, aunque tenia a dos personas a su alrededor que lo seguían a donde el iba, eran como guardaespaldas. Caminaban muy rápido, casi corriendo. Se detuvieron solo una vez al llegar la noche para comer, apenas comían nuevamente salían a seguir viajando, horas mas tarde cuando la noche estaba avanzada se detuvieron a descansar, y al alba nuevamente siguieron el viaje.

Ely estaba como un preso, alejado de ellos resguardado por dos de ellos, aunque no hablaban, a veces se acercaban a el y lo miraban con sonrisas en sus rostros, lo trataban como a una visita de alguien a quien esperaban hace mucho tiempo. Al ver la túnica que tenia el jefe de la tribu recordó que los colores eran parecidos a los de su franela, la parte de la espalda tenia esos colores. Pasaron por varios poblados de su raza y noto que todos hablaban acerca de algo terrible que estaba ocurriendo, los pobladores de cada nueva ciudad observaban a Ely detenidamente, como si lo estudiaran, con mucha precaución. Nadie quería hablar con el pero ni el con nadie tampoco hasta que se quedo en un momento con uno de sus cuidadores y rompió el silencio:

--¿A donde vamos? --Pregunto Ely con mucha precaución en sus palabras.

--Nos dirigimos a nuestra tierra, nuestra provincia.- Respondió el guardia.

-- ¿Cuanto falta para llegar?

--En unas tres horas aproximadamente.

--¿Quienes son ustedes?

--Nosotros somos una tribu guerrera, hay muchas tribus pero la nuestra es la mas avanzada en el arte de la guerra, de los enfrentamientos, todas las demás tribus nos tienen respeto- dijo el guardia.

--¿Entiendo pero porque vamos para allá corriendo?

--Tenemos que llegar y advertir a los nuestra tribu, tenemos que empezar a defender nuestras tribus y para nuestras tierras.

En ese momento alguien dice:

--vámonos ya es la hora de seguir.

Recogieron todo y reanudan el viaje montañas arriba.

Al cabo de unas horas llegan a un lugar hermoso, frio y con una neblina suave, todo estaba lleno de un verde resplandor, el ambiente que se respiraba era maravilloso, de completa paz, había un hermoso manantial profundo, claro como un cristal; el agua fresca caía sobre un reborde y descendía centelleando y gorgoteando por un canal abrupto abierto en la piedra. El bosque estaba lleno con criaturas hermosas.

Al fin llegan a un lugar donde puede descansar tranquilos, Ely se queda dormido por casi diez horas ininterrumpidas, estaba demasiado agotado.

Al día siguiente ya despierto alguien le pregunta:

--¿Quien eres?, No eres como nosotros, tu perteneces a una de las razas que están destruyendo nuestro bosque, ¿quienes son ustedes?- todos tenían un rostro impacientemente.

--Mi nombre es Ely, soy de Mintrhys un país que esta a varios días de viaje en barco, soy de la raza humana y venimos aquí juntos con los orcos, es otra raza, aunque yo pertenezca a esa raza, no vengo con las mismas intenciones que ellos- hablo Ely con mucha determinación.

-Nosotros somos la raza de los Elfos, y yo soy Guaracay, el rey de esta tribu, hemos tenido enfrentamientos en la antigüedad pero ya hemos estado viviendo en paz, hasta que empezaron a venir ustedes los humanos y orcos a destruir nuestras tierras, nuestra naturaleza.

--Lo siento mucho, yo quisiera ayudar de la manera que sea.

--Ya empezaste a ayudar al advertirnos de la llegada de ellos en la playa. Dijo pacientemente Guaracay.

--No entiendo- dijo Ely confuso.

--Cuando venias corriendo mis guerreros escucharon unos gritos que venían del bosque y fueron a ver que pasaba, al notar la persecución a un joven inmediatamente atacaron a tus perseguidores. Dijo Guaracay con total calma.

--Eres un enviado de los dioses para prevenirnos y protegernos, los colores de tu pequeña y extraña túnica lo dicen- Dijo una hermosa elfa que estaba al lado de Guaracay.

Ely se queda un instante tranquilo meditando las palabras del elfo, pues lo están cuidando como si fuera un ángel de sus dioses, no se atrevía a desmentirlo porque tenia miedo de que lo mataran allí porque podrían considerarlo como un espía o algo por el estilo, además, igual le tenia rencor a al capitán Horpa de las tropas humanas, el fue quien le dio la potestad de ser vendido como esclavo, un acto de corrupción que Ely no estaba dispuesto a perdonar, lo único que se lo ocurre decir es:

--Necesito aprender a pelear en batalla- dijo y tras una breve pausa continuo.

--Los humanos y orcos, vienen a conquistar sus tierras, van a fundar nuevas provincias en cada territorio que su raza tengan pobladas o no, los orcos son muchos mas que los humanos pero los humanos los tienen cautivos a ellos, los orcos obedecen a los humanos en todo, pues su intelecto es inferior al de los humanos.

Se miran entre ellos y preguntan:

--¿Hay un líder entre ellos? Pregunto la reina elfa.

--Si claro que lo hay, se trata el capitán Horpa el jefe de humanos y orcos.

--Entonces debemos destruir el problema de raíz, acabemos con Horpa- dijo el rey elfo.

--No es tan sencillo, Horpa esta rodeado de gente que le sigue, el es un gran guerrero, según cuentan tiene algún tipo de poderes mágicos, además los humanos y orcos son guerreros con armas de guerra avanzada, aquí en los que he visto ustedes no poseen armas capaces de destruirlos-dijo Ely.

--Hemos sabido que han sometido a unas provincias al norte, ellos son los que comercializan con el oro de Nirguda, el oro de la provincia que esta a media  hora de camino montaña arriba- dijo el Guaracay.

--Quieres decir que ya las tropas de Horpa están cerca?

--Me temo que si mi pequeño amigo, tienen algunos días allí pero en el ultimo barco que vino, hay mas armas, los mensajeros dicen que ellos ya saben de la  existencia de el oro, en cualquier momento pueden llegar, eso nos dice que debemos empezar a armar nuestras filas para defender nuestras tierras y nuestro oro- dijo el rey elfo.

--Muy bien, ellos usan armas de fuego, utilizan una sustancias que explosivas, tienen espadas largas y fuertes, y escudos, entre otros tipos de armas, ¿como van a hacer ustedes para defenderse de tanta despliegue de armas?- pregunto preocupado Ely.

--Es interesante lo que dices, pero hay cosas que no sabes, nosotros además de nuestras armas tenemos a una familia de magos, ellos conocen el estilo de lucha por medio de la magia, además están los elfis, son una raza diminuta que cuidan los bosques, se encuentran al otro lado de la colina, ellos y nosotros vivimos en armonía, con nuestra tribu ellos han convivido, muchos han intentado entablar comunicación con ellos pero solo nosotros hemos logrado gracias a la ayuda de los magos.

Ely quería participar y ayudar a la tribu pero no sabia como, se intereso mucho al saber que había magos allí, así que se atrevió a preguntar:

--Quiero aprender el arte de la guerra pero con la magia.

Nuevamente se miraron unos a otros, con un rostro de sorprendido le dijo Guaracay:

--Para hacer magia debes tener un contacto con un unicornio pero ellos no se muestran nunca, solo cuando les van a obsequiar el don de la magia a sus elegidos, y son muy pero muy pocos los afortunados.

Ely bajo la cabeza desalentado y triste.

--Pero hay otra manera, y es obteniendo tres plumas de un ave fénix, eso si tu se lo logras quitar.

--Y donde consigo un ave fénix?

En lo alto de la montaña, donde están las minas de oro se encuentra un elfo obstinado, de muy mal genio, de piel escamosa, dicen que una vez alguien se atrevió a ir a buscarlo para tratar de quitarle una pluma al ave pero termino siendo calcinado. Es un archimago, el tiene un ave fénix, pero no lo muestra, mucho menos te dejaría que le quites una pluma a su ave, lo utiliza para sus conjuros elficos.

--¿Donde lo consigo?

--El vive en el limite de la tribu de Nirguda esa tribu son mercaderes que nunca luchan porque no han tenido necesidad, no es como nosotros que nos hemos adiestrado para pelear.

Luego Guaracay mira a su derecha donde hay una hermosa elfa de unos 14 años, le dijo:

Romina tu que además de maga eres una gran arquera, tienes como tarea enseñarle a usar el arco y flecha al recién llegado.

--Si mi señor- asintió Romina.

La elfa tendría unos catorce años, el cabello negro profundo largo y unos ojos oscuros que parecían demasiado grandes para su cara menuda, more­na y de nariz pequeña y respingona. Aquellos ojos estaban fijos en Ely y el respiró hondo.

--Hemos concluido, a trabajar- gritó el rey y se dio vuelta.

De inmediato se movieron todos a trabajar en montar las riendas para la batalla.

Romina y Ely se van a un claro en el bosque y allí le enseña a manipular el arco, flecha y las dagas.

Ely al principio es un poco torpe, pero poco a poco va adquiriendo agilidad con las dagas. Luego de una hora empiezan a practicar con el arco y flecha. Romina lo miraba con cautela, toma el arma y se lo da a Ely, le lleva las manos para colocarlas en la posición ideal. Ely allí sintió un escalofrío. No le presto mucha atención y se dedico a aprender.

En la mañana del día siguiente Ely le pide que por favor lo lleve hasta donde se encuentra el ave fénix.

--No quiero ir, es muy peligroso- dijo Romina.

--Esta bien, no vayas, pero al menos dime como llego hasta allí.

--No, lo siento, ninguno de nosotros siendo magos o archimagos a tenido la osadía de enfrentarlo y tu que no posees ninguna habilidad crees poder lograrlo, tiene mucho poder esa criatura, es mejor no ir.

--Muéstrame el camino por favor.

Romina al ver que no iba a poder sacarlo de su decisión decidió:

--te llevo, pero apenas estemos a la distancia prudente para mi, me daré vuelta,¿ entendido?

--Trato hecho- dijo Ely sonriendo triunfante.

--¿Cuando vamos?

--¿Para que atrasar las cosas?, salgamos de esto de una vez, yo estoy lista.

--Yo también- exclamó Ely emocionado.

Sin hacer ningún otro comentario Romina recogió sus cosas y se puso en marcha colina arriba, Ely la siguió. Caminaron por una hora aproximadamente, de pronto, ella se detuvo. Ely vio enseguida lo que había llamado su atención: unas palmeras solitarias al pie de una colina que daba algo de sombra. Entre las rocas se distinguía lo que parecía una casa de madera en ruinas.

 Romina dice:

--Sshhh, no digas nada, haz silencio, es allí, donde esta esa casa vieja, anda si quieres pero yo me quedare aquí.

--Gracias Romina. Dijo Ely con una mezcla de sentimientos en su interior.

--Cuídate mucho, estaré aquí esperándote. Susurró Romina.

Ely va camino arriba a la casa del mago elfo, para quitarle las plumas al ave fénix.

Sigilosamente se acerca a la casa y observa que no hay rastros de vida en ningún lugar, así que se atrevió a entrar por la puerta, no vio a nadie pero siente que alguien esta tras de el.

--Romina esto es una broma-  Sal ya de donde estés.

Pero una voz profunda le dijo:

--Te estaba esperando Ely.

El chico intenta controlar el temblor que le invadió su cuerpo debido al terror que sentía. Se volteo a mirar donde estaba la voz, estaba una figura esbelta vestido de negro completamente las telas que tapaban su rostro solo per­mitían ver dos ojos redondos y brillantes como brasas.

Ely miró a su alrededor con curiosidad. La vivienda del elfo no era muy grande, y tampoco había muchas cosas en ella. Un agujero en la pared, por encima de la puerta, permitía la entrada de algo más de luz.

--Debe haber en la casa escondrijos secretos- pensó Ely.

.

--Se muy bien a que has venido pero también se que tienes algo dentro de ti que es muy valioso- dijo la voz profunda.

--Si sabes a que he venido, entonces muéstrame lo que estoy buscando por favor.

--Soy Murdok el archimago más poderoso de los elfos, me caes bien pequeño, como muestra de ello te mostrare lo que buscas.

Era muy extraño que el elfo se comportara de esa manera con el después de tantas cosas que le habían dicho en la tribu.

El elfo hace un gesto con las manos y dice unas palabras en un idioma extraño, de pronto en la mesa se cae una gran sabana de tela, estaba allí, contempló conmovido la magnífica criatura que Murdok había puesto ante sus ojos, encerrada en una enorme jaula de oro.

Era un gran ave de plumas rojas y doradas, ojos brillantes como diamantes y una cresta que parecía estar formada por lenguas de fuego.

--Es un ave fénix -murmuró Ely.

--Debes matarlo -dijo Murdok.

--¿Que...? pero solo quiero algunas plumas.

--Es cierto. pero para quitárselo hay que matarlo, ¿pensabas que era así de sencillo?- dijo el elfo.

--Hay una forma de matarlos. Es necesario que el fénix muera o, de lo contrario, los poderes de la magia de sus plumas no funcionaran.

Ely suspiró y miró al fénix a los ojos. La criatura le devolvió la mirada, una mirada profunda y sabia, que parecía leer el alma del chico.

--No es justo.

El archimago se encogió de hombros.

--Se que haz venido aquí por alguna buena razón -dijo-. Sería absurdo echarse atrás ahora.

Ely desenvainó su daga, no sabia como matarlo pero estaba decidido a hacerlo. Murdok se quedó completamente helado, parecía que estaba viendo algo en Ely que el mismo no veía.

El fénix miraba a Ely con gesto sereno.

--Lo hago por defender estas tierras de la destrucción de los hombres y orcos y de mi venganza contra Horta -se recordó a sí mismo-.

No había reproche en la mirada del fénix pero, aun así, Ely se estremeció.

--Lo siento -murmuró-. Pero no puede ser de otra manera.

Alzó el puñal sobre la mágica criatura.

--Espera -dijo de pronto una voz.

Ely se volvió rápidamente.- contrariado.

Era Romina, estaba en la puerta:

--¿Que haces?-dijo- no lo mates, es una trampa.

--No le hagas caso, ella no sabe de estas cosas, nunca ha visto a un Fénix en su vida y va a venir a dar órdenes y opiniones al respecto.

Ely miro a los ojos del fénix y pudo apreciar que le estaba diciendo algo con su mirada, de pronto se sintió muy débil y pronunció con sus labios, con suavidad, una breve palabra que el mismo no entendió, y la jaula que retenía al ave fénix se desvaneció en el aire, como cuando una burbuja de javon se extingue. El mágico pájaro lanzó un grito de triunfo, el ave abrió las alas y alzó el vuelo...

En apenas unos segundos, había escapado por la ventana abierta, hacia la libertad.

--Pero... ¿qué has hecho?- dijo Murdok.

Ely se volvió hacia el elfo.

--Lo siento, era necesario. Y siento haberte molestado.

El elfo temblaba de rabia.

--¡Lo has estropeado todo...tonto! -gritó- sus ojos relampagueaban de furia- vas a morir.

Alzó la mano, y un objeto se materializó en ella. Ely vio que era una vara-. Se sentía muy extraño, como si una fuerza inundaba su cuerpo desde el instante en que tuvo conexión con el ave.

--Ahora empiezo a entenderlo todo, el secreto de su gran magia era el ave, que ya no está.

Romina entra y se puso en guardia, ahora ella podía llegar a igualar al elfo en magia.

El elfo alzó el bastón y sonrió levemente.

--Hasta nunca, tontos.

Ely saltó a un lado para evitar un rayo mágico que salió de la vara de Murdok. Rodó por el suelo hasta quedar protegido por una mesa, Romina pronunció las palabras de un hechizo. De pronto, Murdok sacudió la cabeza, confuso; se miró las piernas y vio que se le estaban congelando rápidamente. Cuando el hechizo de hielo alcanzaba ya su cadera, el elfo, dificultosamente, se concentró en su vara mágica. Lentamente, sus pierna comenzarón a descongelarse, y Murdok no tardó en liberarse completamente del hechizo.

Pero Romina ya lanzaba su siguiente conjuro. Murdok sintió que el suelo temblaba bajo sus pies. De improviso, las baldosas se resquebrajaron y algo surgió de debajo de la tierra violentamente. Toda la casa se tambaleó. M Murdok, inseguro, creó un escudo mágico. Cuando el elfo alzó la mirada, vio que ante sí, un troll.

El troll descargó su puño sobre Murdok. Este se lanzo a su derecha, y el inmenso puño de piedra golpeó el suelo de la habitación, haciendo que todo temblase y que las paredes se resquebrajasen aún más. Murdok se levanto y apuntó con su bastón a la enorme criatura. Pronunció una palabra mágica, y un potente rayo amarillo salió de la vara para impactar en el troll, que estalló en pedacitos.

Romina desconcertada ante la facilidad con que Murdok se había deshecho de la criatura. Las fuerzas estaban igualadas, y ninguno de los dos vencería a no ser que pudiese introducir en la lucha un elemento desestabilizador.

Lanzó un nuevo hechizo contra Murdok, tratando de ganar tiempo. El mago detuvo el rayo mágico con su vara, y un intenso estallido iluminó el objeto.

Murdok pareció sorprendido y asustado al principio, y estuvo a punto de dejar caer la vara.

Romina Alzó las manos para lanzar un rayo potente, pero Murdok ya estaba haciendo lo mismo, ambos rayos se encontraron en el aire, Romina gimió a causa de la potente descarga de energía que estaba saliendo de su cuerpo, se preguntaba cuánto tiempo podría resistir.

Ella perdió la concentración, y se tumbo a un lado para esquivar el rayo de Murdok.

Ely alzó la mirada, sorprendido, Ely cruzó una mirada con Murdok. El joven humano pronuncio unas palabras que estaban en su mente y salió un rayo de luz de sus manos, se sorprendió tanto que se tiro al suelo, Murdok apenas tuvo tiempo de alzar el bastón y pronunciar la primera palabra mágica que se le ocurrió.

El efecto fue inmediato y, multiplicado por la poderosa magia del bastón resultó espectacular.

Se trataba del hechizo de espejo, que hacía rebotar los ataques contra Ely que lo había lanzado. Murdok se encontró de pronto con que la situación había dado un giro completo.

Con un solo gesto de su mano, el mago se esfumó en el aire.

Romina cayo al suelo abatida del cansancio, y Ely se sentó junto a ella y hundió el rostro entre las ma­nos con un suspiro. Romina lo miró y quiso abrazarlo, de darle consuelo y sentirse a su vez alimentada por su presencia. Cuando Ely levantó la cabeza con rostro consternado, Romina alzó la mano para apartar de su frente un mechón de pelo que le caía sobre un ojo:

--Estuvo cerca, tenemos que volver a la tribu- dijo Ely.

Luego de un rato de tomar aire, Romina y Ely regresan a su tribu.

Una vez que llegan la elfa le enseña a utilizar y canalizar la magia a Ely y acuerdan no decirle nada a nadie hasta que domine un poco la magia, estuvieron entrenando hasta caer la noche.

Al día siguiente se enteran de que los humanos y orcos tenían en su poder a Nirguda el cual era una gran recompensa para ellos porque las elfas eran demasiado hermosas e indefensas y podían hacer con ellas como quisieran, además que allí había mucho oro, y estaban empezando a saquearlo. Guaracay envía a algunos guardias para que observen y traigan noticias para así planear el ataque. En la noche de ese día llegan los mensajeros que el envió.

--Humanos y orcos están por todas partes, sometieron a los elfos y elfas de Nirguda y están saqueando el oro que tienen, empezaron a utilizar varios caminos, pero el mas transitado es el que queda cerca de nuestra tribu señor- dijo exhausto el guardia por que corrieron desde Nirguda hasta allí.

--Nuestro campamento, la tribu Temerla, defenderá a Nirguda- gritó Guaracay enfurecido.

Entonces allí se reunieron para planear tenderle emboscadas.

--Al alba se ubican en sus puestos- dijo el jefe de los guardias.

Los orcos estaban en vigilancia cerca de las puertas de Nirguda, resguardando el oro, y había más orcos y humanos dispuestos en el camino que iban a utilizar para trasladar el próximo cargamento de oro.

El cargamento salió a la hora prevista. Romina oyó las ruedas de las carretas y los caballos en el camino mucho antes de que llegaran a las filas de elfos liderados por Gormir y Zentin el papa de Romina para su emboscada, seguía en silencio bajo la oscuridad, estudiando la escena con atención.

--Algo no parece estar bien, estén atentos- Ordenó el líder de los hombres en la carreta a su guardia.

Todos prepararon las armas y permanecieron alerta, mientras la carabana se deslizaba camino abajo.

De pronto una bola de fuego salía disparada del bosque. Uno de los orcos gruño aterrado, y quiso retroceder, pero era demasiado tarde. El fuego le dio de lleno, y el orco cayó pesadamente al piso, ardiendo en fuego. El líder de los humanos logro alzar la cabeza hacia donde vino el fuego y un grupo de elfos salieron a rodearlos, armados hasta los dientes, y empezaran a ata Ely. Lo último que pudo hacer, antes de que un elfo le hundiese en su cráneo una espada que tenia el brillo de un arma legendaria, fue gritar muy fuerte un aviso a los jinetes que venían en retaguardia, alertándolos de que retrocedieran por la emboscada y avisaran a los demás.

El capitán humano segundo al mando contempló la muerte de su lider sin dar crédito a sus ojos, pero reaccionó rápido.

--¡Rebeldes, a las armas!- gritó.

Los elfos estaban ya al rededor. Parecían muchos, como ellos, aunque  había entre ellos un elfo de aspecto extraño, cuyos ojos relucían como los de un hombre. Estaba amaneciendo, y el capitán pudo ver, bajo la pálida luz, que sus rasgos no parecían del todo elficos.

--Hay un traidor en sus filas- gritó.

--¡Vuelvan! –gritó alguien.

--¡Son muchos, retirada, retirada!

Uno de los hombres se cargó la ballesta al hombro y disparó. Los otros dos orcos lo imitaron. Los humanos fueron un poco más lentos.

Una lluvia de proyectiles cayó sobre el bosque. Los elfos se protegieron bajo sus escudos.

Después, algunos de ellos respondieron con flechas, como los elfos los superaban en números, los hombres y orcos tuvieron que retirarse y abandonar el oro y las provisiones, sin embargo el capitán se detuvo, miro a tras y regreso a la carreta. Vio a un elfo, era el capitán Gormir y se lanzo con su espada sobre el elfo. Las estocadas del hombre eran rápidas, pero pronto se dio cuenta de que aquel elfo era mucho más agiles de lo que parecía. Había dado por supuesto que su manejo de la espada se basaría en la fuerza bruta, y, sin embargo, el elfo luchaba con una técnica extraordinaria. Siguió embistiendo, poniendo a juego toda su velocidad y su rapidez de pensamiento. Tuvo que agacharse en una ocasión porque la espada de su contrincante estuvo a punto de cortarle la cabeza.

Pero el elfo fue mas rápido que el y le hundió la espada en su pierna. El hombre gritó de dolor.

--Déjenlo ir- dijo Zentin el papa de Romina –dejen que den testimonio de que aquí están quienes defienden a su pueblo.

            El hombre logro arrastrarse solo hasta un caballo que monto con mucha dificultad.

Le arrebataron todo el oro y provisiones que llevaban, eso ocurrió varias veces y les quitaban a las elfas que tenían como rehenes.

Uno de los capitanes de los hombres en las costas le dijo a los orcos:

--Tengan cuidado al pasar por las tierras al sur de Nirguda, pues allí hay una tribu que hay que temerla- desde entonces esa tierra para los hombres y orcos de Mintrhys la identificaban con el nombre de “Temerla”.

Los colonizadores empezaron a utilizar varios caminos alternos para evitar ser asaltados por los elfos, pero los elfos conocían muy bien sus territorios, mientras los hombres estaban empezando a conocer las tierras.

Los hombres y orcos habían conquistado muchas de las tribus de los elfos, en todo el territorio que ellos llegaban pero a la tribu de Temerla no podían, eran confrontados con armas muy letales y magia.

Todos los días Romina y Ely practicaban las técnicas con el arco y la espada. Constantemente estaban mirándose el uno al otro en el combate para estudiar los movimientos. Romina siempre ganaba, ese dia ella se abalanzo sobre el con su espada, pero Ely se movió muy rápido y logro confundir a Romina tanto que su espada salió de su mano suavemente y giro hasta que se encontró tendida en el suelo y los ojos de Ely estaban frente a ella, podía sentir su respiración agitada, se estremeció, su corazón estaba apunto de estallar, estaba pasando algo que nunca le había acontecido, cerro los ojos…

--¡Ely, Ely¡- se oyó una voz.

Ely y Romina se ponen de pie, era Gormir.

--Ven, que quiero que pelees con uno de mis guardias para ver si estas listo para ir con nosotros a la batalla- dijo Gormir emocionado.

Luego entran en un claro dentro del boque y allí estaba uno de los guerreros elfos. Se coloca en guardia y Ely desenvaina su espada, estudia su rival y se lanza su estocada, el elfo responde, y en unos instantes ya estaban en un coque constante de espadas, Ely logra zafar la espada de su enemigo, y culmina colocándole su espada en el pecho, el elfo levanta las manos en señal de sumisión. Pero de la nada y sin mediar palabras sale entre los asistentes un elfo alto y con una espada más grande, empieza a moverse dirigiéndose hacia Ely, en ese momento no se había repuesto de su asombro, su reacción fue de alzar las manos y pronunciar unas palabras que estaban en su mente, le salieron solas. De pronto se envuelve en un haz de luz y la espada del elfo choca con el escudo mágico estallando en luz y lo hace retroceder. Ante la mirada atónita de todos, el elfo se queda paralizado, y tras unos segundos de silencio Gormir manda a parar la batalla.

Gormir se acerca y mira a los ojos a Ely, muy serio.

--Ven conmigo muchacho- dijo el capitán.

Es llevado ante el rey Guaracay y Zentin.

Este humano a practicado mucho con Romina, tiene una gran habilidad con la espada, y me ha sorprendido con una exhibición de magia guerrera- dijo Gormir.

--¿Magia guerrera dices?, ¿Como obtuviste ese don tan privilegiado?- dijo el rey.

--Romina y yo fuimos a buscar a el elfo de los limites de Nirguda, y el Fenix me otorgo la magia.

--¿Es una exhibición de magia guerrera dices?- exclamo el rey mirando a su capitán.

--Si mi señor-

--Después de todo, creo que será de muchísima ayuda para nosotros- dijo Guaracay.

--Definitivamente eres un enviado del cielo para ayudarnos a cuidar de nuestra libertad y nuestras tierras de los humanos y orcos.

El rey  aprovechando la ocasión le dice a Zentin que deben ir a reconquistar Nirguda,

--Vamos a dirigirnos a Nirguda a prestar apoyo por los inmensos saqueos de oro, la esclavitud de los elfos y el sometimiento de las elfas- dijo Guaracay.

--Cuando usted mande- respondió Gormir.

Esta misma noche, pero antes Zentin, ve y haz la prueba a Ely, a ver en cual de los batallones nos acompañara en la batalla.

Salen inmediatamente al bosque.

Ely eleva las manos, pronuncia unas palabras y sale un haz de luz azul contra un árbol, este se envuelve en llamas e inmediatamente después pronuncia otras palabras en un idioma extraño, y con su mano izquierda sale una luz que envuelve al fuego de hielo extinguiéndolo. Zentin y Romina aplauden y lo felicitan, ya estás listo para la guerra hijo, quieres unirte a la próxima batalla pero desde las filas de nosotros los magos, el había asistido a las batallas anteriores pero como arquero, sin pensarlo dos veces respondió:

--Si, lo he estado esperando, gracias a Romina es una excelente maestra- dijo con palabras que le salían del corazón.

-Gracias Ely, eres muy lindo al decir eso- sonrió Romina un poco apenada.

Desde ese día Ely se unió a las filas de de los magos para la batalla contra los hombres y orcos para sacarlos de Nirguda.

El rey elfo se reunió con varios de sus capitanes entre ellos Gormir y Zentin en un lugar donde divisaban al ejército enemigo.

--Sé que llevamos cierto tiempo preparándonos para defender a Nirguda, pero, aun así, no sé si aguantaríamos el ataque de ese ejército que nos aguarda ahí fuera.

Todos contemplaron el campamento enemigo asentado más allá de los límites de Temerla, más allá del bosque. Cualquiera podía percibir que la actividad que reinaba en él no era propia de una noche como las demás. Los hombres y orcos se prepara­ban para la batalla para trasladar el oro, pero lo que no se esperaban es que los elfos tomarían la iniciativa en esta oportunidad.

Gormir dijo:

Puede que los elfis y muchos de nosotros peleen bien en el bos­que, pero yo prefiero luchar en campo abierto.

Guaracay asintió, pensativo, y paseó la mirada por los alre­dedores de los límites del bosque. Había un trecho entre el bosque y la tribu de Nirguda donde no crecían los árboles.

--Están todos preparados -prosiguió Gormir-. Los guerreros, los elfis, los arqueros, Zentin el Archi­mago y sus tres magos, Romina, Ely y un elfo despreocupado que no era tan prodigioso pero tenia experiencia. Si algo sale mal afuera, nos volcaríamos todos a defender los limites del bosque, nuestra fortaleza. Todos sabemos lo que hay que hacer y, sin embargo...

--Han venido más -asintió Guaracay-. Están preparándose para atacar en cualquier momento.

--¿Cuánto tiempo podremos resistir? -murmuró .

--Tal vez más del que piensas -dijo de pronto Zentin. Había clavado la vista en el horizonte, más allá del campa­mento enemigo.

El rey se volvió hacia sus compañeros.

--Volvamos, vamos a hacer una incursión en te­rritorio enemigo “ya” -anunció-. Será peligrosa, por supuesto, pero mientras tomemos la delantera siempre podremos retirarnos si las cosas se ponen mal.

Los otros tardaron un poco en asimilar sus palabras.

--¡Empecemos entonces!- dijo Zentin.

--Alinien a sus elfos -dijó el rey-.

--Manos a la guerra desde este instante-dijo el Guaracay.

Todos se dieron vuelta comprendiendo las palabras del rey. Se prepararían para atacar esa misma noche.

Gormir reunió parte del ejercito elfico unos se quedaron para atacar desde el bosque y otros se colocaron listos a salir del bosque. Gormir observó con atención el campamento enemigo. Las tropas de los humanos y orcos ya estaban listas para entrar en combate, y espera­ban ante el bosque, en perfecta formación. Aguardaban con paciencia desde hace dos días las órdenes de entrar en batalla. Al parecer querían intimidar y luego atacar.

Gormir dijo:

--Les he traído a este lugar porque, si hemos de atacar el campamento, tiene que ser desde aquí. El grueso del ejército de orcos se ha reunido en cerca del bosque.

Rodearemos el campamento y atacaremos por detrás.

--A las tropas de las catapultas.

Ely y Romina asintieron enseguida, con un brillo de entendimiento en los ojos.

Cuando habían llegado a reunirse en el lugar estratégico Gormir entró al galope en el campamento, seguido de los su­yos, con su espada desenvainada, lanzando un fuerte gri­to de guerra y otros sonaron los cuernos.

Los soldados de humanos y orcos tardaron un poco en darse cuenta de lo que estaba sucediendo, y para entonces, para algunos de ellos, ya fue demasiado tarde. Gormir ga­lopaba entre las tiendas, hundiendo su espada en todos los cuerpos que encontraba por el camino.

Tras él, los elfos y Ely se lanzaron al ataque. Muchos portaban antorchas encendidas, e iban incendiando todas las tiendas a su paso.

Por fin, humanos y orcos reaccionaron. Y pronto, aquel sector del campamento fue un auténtico caos. Gritos, humo y mucho ruido.

Ely y Romina lo observaban todo desde la retaguardia. Cuando les pareció que los soldados invasores estaban ya bastante entretenidos, se des­lizaron por los límites del campamento... hacia las catapultas.

Los caballos de los elfos eran rápidos y muy silenciosos, llegaron has­ta su destino sin que nadie lo advirtiera.

Las catapultas sí estaban vigiladas. Los soldados que las guardaban observaban con preocupación lo que sucedía un poco más allá, en el campamento de sus aliados, pero no aban­donaron su puesto. Oculto detrás de un carro, Ely y Romina decidieron entrar en acción. Se concentraron y lanzaron cada uno un conjuro de ataque con­tra la catapulta más cercana. El fuego que generó su magia la hizo estallar en llamas, luego saltó a la catapulta siguiente, y de ésta a la de más allá, así hasta incendiar todo aquel sector.

Los guardias saltaron, desconcertados. Primero miraron a todas partes, buscando al autor del desastre, pero enseguida reaccionaron y trataron de apagar el fuego.

 Romina y Ely sabían que era cuestión de tiempo que alguien escu­chara sus gritos de alarma, de forma que se retiraron cautelosamente de allí, en dirección al lugar donde sus compañeros estaban librando una fuerte batalla.

Se aproximaron discretamente, pero el batallón más rezagado del ejército orco no había tarda­do en acudir en ayuda de los guardias humanos, y las cosas se habían puesto muy mal para los elfos.

Alguien los vio y corrió hacia ellos con una espada en alto. Ely hizo retroceder a su caballo, tropezó contra una tienda y tuvo el tiempo justo de pronunciar un hechizo de ataque que lanzó hacia atrás a su atacan­te. Cuando quiso darse cuenta, estaba en mitad de la lucha, espadas, dagas y martillos que bailaban su macabra danza de sangre, cuerpos caídos que entorpecían su paso, cuerpos vi­vos que chocaban unos con otros, todo era muy confuso.

Había que tener cuidado porque del bosque lanzaban lluvias de flechas constantemente. Eran disparadas a los lugares donde se encontraban solo las tropas de Mintrhys.

Ely se repuso y busco a Romina que estaba a su lado ya estaba empleando su magia de nuevo. Utilizó un conjuro de aire para lanzarlos hacia atrás con la fuerza de un torbellino. Junto con ellos, volaron varios más.

Los hombres y orcos estaban teniendo demasiadas bajas, no podían con los elfos, poseían una habilidad muy superior y una agilidad de gacela. El capitán Horpa grito:

--Replegada, orcos- en ese momento el ejercito de invasor de Nirguda  se estaban retirando, huyendo.

En medio de la confusión nadie se percato de lo que estaba ocurriendo realmente. Los elfos estaban volviéndose al bosque porque estaban muy cansados y estaban teniendo muchas bajas en sus filas, ambos bandos estaban agotados pero fueron los del ejército de Mintrhys quienes se rindieron primero.

Gormir, por su parte, se había ido acercando cada vez más al límite del bosque.

Ely conjuró un hechizo de fuego y lo arrojó contra sus enemigos. Tres de ellos, dos humanos y un orco, estallaron en llamas. Romina trató de hacerse oír por encima de sus gritos de miedo y de dolor.

--¡Ely! ¿Estás bien?

--¡Si!-. ¡Vamos a rescatar a los prisioneros de Nirguda!

--¡Tenemos que ir hacia el bosque! -, Ely había oído en alguna parte la voz de Zentin pronun­ciando las palabras de un conjuro...

... y, de pronto, un viento huracanado había barrido la tierra ante ellos.

Los pocos humanos y orcos que quedaban vivos huían sin mirar atrás despavoridos.

Pronto, todos los elfos penetraron en la tribu de Nirguda, los esperaban los elfos alegres. Habían ganado la batalla, aunque sabia que ellos no se quedarían así.

Al día siguiente empezaron a reconstruir la aldea.

Horpa, el capitán de los humanos y orcos no se rendiría a un ejército de elfos que en todo el gran territorio, por el Norte, Sur, Este y Oeste los habían sometido y fundado sus provincias, pero esta tribu estaba en resistencia absoluta y no había manera de conquistarla. Horpa no lo toleraría pero tendría que buscar la forma de conquistarla. El sub capitán a cargo se llamaba Van Vicent y le dice al capitán Horpa.

--Construyamos una fortaleza ya que no podemos con esta tribu, además estamos invirtiendo porque hay mucho oro allí.

--Tienes Razón, empecemos a crearlo, busquemos todo el material desde mañana- afirmó el Horpa.

Al día siguiente empezaron a realizar las labores de construcción de la fortaleza, estuvieron construyéndola por casi dos años

En un intento por buscar el oro de Nirguda armados hasta los dientes no pudieron llegar pues fueron destruidas las filas casi instantáneamente. El sub capitán Van Vicent murió en esa batalla, el capitán Horpa llamo a la fortaleza “van vicent” en honor a el que tuvo la idea de construirla.

Dos meses después alguien advierte en la torre que hay movimientos afuera. Pronto Horpa grita:

--¡A las armas! ¡A las armas! ¡Arqueros, arponeros, todos! ¡Preparen las  catapultas! ¡Todos a la Fortaleza!

Siguió gritando instrucciones, y pronto toda la fortaleza bullía de actividad

Cuando los elfos atacaron la Fortaleza, los humanos y orcos los estaban esperando. Había arpo­neros, arqueros y ballesteros sobre las murallas y las torres, y recibieron a sus atacantes con una lluvia de dardos de fue­go

Habían dispuesto las catapultas de cara a los muros, y las dispa­rarían en cuanto las tropas elficas invadieran la llanura.

--Me niego a dejar Nirguda en manos de elfos- dijo Horta.

En aquel  momento,  los  arqueros disparaban otra vez contra los elfos.

Muchos elfos cayeron abatidos por las  flechas, pero  la  mayoría siguió avanzando. Desde la llanura los elfos disparaban flechas con fuego que dirigían hacia el patio dentro de la fortaleza, para incendiar las catapultas. Otros elfos dirigían sus armas a las torres que se encontraban los arqueros y ballesteros orcos. Los magos hicieron lo suyo, lanzaban ráfagas de luz azul hacia los orcos que se asomaban en las almenas y se consumían en llamas. Ya habían lanzado escaleras contra las murallas y  escalaban  por  las  cuerdas. En el muro  oeste habían apoyado  una escalera  por  la  que ya trepaban las fuerzas elficas. Horpa se  volvió  con violencia  y  gritó  a  su gente que corrieran a defender aquel  flanco...  pero tenían muchas bajas, también, eran pocos y los elfos estaban cada vez mas cerca.

Momentos  más tarde, los hombres y orcos abandonaban la Fortaleza por un  túnel  que los llevaría directamente al río. Una vez lo cruzaran, podrían refugiarse en el bosque  profundo  y  tendrían  más posibilidades de sobrevivir.

Habian ganado los elfos una nueva batalla.

Cinco años después los orcos y hombres se establecieron nuevamente en la fortaleza, con nuevas tropas, esta vez construyeron muchos mas túneles por debajo para así confundir y destruir las filas elficas, pero los elfos conocían muy bien todo su territorio y antes de que se librara alguna gran batalla nuevamente los elfos destruían partes de sus construcciones para que supieran que no podrían con ellos.

Como no podían destruir a los elfos en las batallas Horpa dijo:

--Vamos a destruir las siembras y cosechas a Guaracay para que se mueran de hambre- dijo con rabia.

Planearon todo con lujo de detalles.

--Esta vez no cometeremos errores de ningún tipo- dijo Horpa.

Romina y Ely estaban sentados en el rio descansando después de una jornada de entrenamiento con la magia, y Ely había estado pensando la posibilidad de decirle algo pero no sabia lo que estaba pasando con el, ni como explicárselo, además, tenia mucha vergüenza.

--¿Que pasa que te he notado un poco extraño estos días?- dijo con voz tranquila Romina.

--Nada Romina- solo que  creo estar enfermo o algo, pero no se como explicártelo.

--Romina, Gormir te llama- dijo uno de los guardias.

Romina se despidió de Ely con un tierno beso en la frente y le dijo:

--Estarás bien pronto, ya veras.

Luego se retiraron a ver a Gormir.

No fue necesaria una gran cantidad de hombres y orcos, esta vez solo Diez personas y quince orcos se colocaron estratégicamente cerca de las cosechas. Era de noche y lanzaron dardos de fuego hacia sus sembradíos y almacenes de cosechas que estaban cerca, esta era la primera vez que lograban desorbitar a Guaracay. Los hombres divisar entre los elfos que corrían de un lado a otro a apagar las llamas al líder elfo y su reina. Estaban vulnerables y los orcos no iban a desperdiciar esa oportunidad, así que se lanzaron al ataque sorpresa del otro lado del incendio, descargaron una lluvia de flechas pero no fue certero.

A las armas, están por el lado sur, a las armas- gritó desesperado Guaracay pero a su lado siente un grito, era la reina que había sido alcanzada por una flecha y estaba sangrante en el suelo. Inmediatamente la recoge en hombros y se dirige corriendo a un lugar seguro con un dolor en el corazón y la esperanza de que sobreviva.

Guaracay lloraba al ver la agonía de su reina en sus brazos.

--Traigan a Zentin o Romina o a Ely, por favor- grito Guaracay con un nudo en la garganta. Para cuando Romina llegó, ya no había nada que hacer.

--Lo siento mi rey, la reina a muerto- susurró Romina.

--Nooooo porqueeeeeeeee- gritó de dolor el rey y algunos que estaban con ellos no lograron reprimir la tristeza e impotencia en sus corazones.

--Me las pagaran- dijo Guaracay con ira.

--Mi rey, ya hemos matado a todos los hombres y orcos- dijo Ely al entrar.

--Fue culpa nuestra, nos confiamos y menospreciamos al enemigo, pero no volverá a ocurrir- dijo el rey con tristeza en su voz.

Pasaron los días y tuvieron problemas con los alimentos porque también habían destrozado sus almacenes de comida y liberado animales. Ely le pide a Guaracay que haga una tregua con los humanos.

En la situación en que estamos, si nos atacan nos aniquilan, mejor vamos y hablemos en son de paz- dijo Gormir a Guaracay.

Yo no voy a dejar Nirguda ni Temerla en manos de esos destructores.

Guaracay piensa en los elfos, tus elfos, no los lleves a una muerte segura- dijo Zentin con un tono autoritario.

Ely le dijo a guaracay:

Un héroe no es aquel que gana batallas con sangre, un héroe es aquel que gana batallas sin sangre – todos meditaron las palabras de Ely con un silencio y ojos perdidos….. prosiguió – hay que tomar una decisión que no nos afecte a ambos negativamente.

--Negociemos con ellos, creo que es lo mejor, asi protegemos a nuestra raza, y la de los hombres y los pocos orcos que quedan - dijo con voz suave Guaracay.

Gormir, anda y dale el mensaje a Horta, hoy a las tres de la tarde estaremos allí para tener una asamblea con ellos- Apuntó Guaracay.

Pero Horta no quiso dialogar con los elfos, al contrario, mando a un ejercito de orcos, ya no quedaban muchos orcos en sus filas porque todos habían muerto en las batallas. Los orcos se acercan por el lado Este del bosque y son sorprendidos por los elfos, Romina estaba lanzando conjuros de electricidad que electrocutaban a los orcos, Ely por su parte, creo una nube que empezó a llover bloques de granizo, y aplastaban a los orcos y algunos humanos, además de las flechas que lanzaban los demás elfos. Humanos y orcos nuevamente perdieron la batalla. Pero Ely notó que si habían venido pocos orcos es porque no tenían casi soldados, así que le propuso que fuera Guaracay con el a invadir el fuerte. El rey elfo acepto. A las tres de la tarde Guaracay, Gormir, Zentin, Romina, Ely y un ejercito de elfos soldados se reunieron frente al fuerte van vicent. Los magos con una hechizo que conjuraron juntos derribaron el portón principal del fuerte, el ejercito elfo avanzó, los humanos lanzaron una lluvia de flechas, que Ely con un escudo mágico hizo que no tocara a ninguno de ellos. Entran y empieza una batalla dentro del mismo fuerte, Guaracay, Gormir y Ely buscan como entrar en las instalaciones internas, Gormir consigue la manera y Ely con un hechizo derrumba la puerta de entrada. Luego corren dentro, no había guardias pues todos estaban en las almenas, las torres, y en el patio del fuerte para la batalla, divisan un guardia que vigilaba una puerta, supusieron que allí era donde se encontraba Horpa, someten al guardia y destrozan la puerta. Al entrar estaba Horpa con dos hombres  más en una mesa.

Ely al verlo le sudaron las manos, el corazón se le aceleró, reprimió el deseo de matarlo, porque gracias a el estuvo esclavo de aquel patán de Alfonzo en Mintrhys, Cuando estuvo a punto de levantar las manos y conjurar un hechizo se escucho una voz.

--Venimos para negociar contigo- dijo Guaracay.

--Porque a de negociar si puedo tener a Nirguda y Temerla por mis medios- dijo Horpa.

--Entonces no vivirás para ver lo que ocurrirá, por tus propios medios no lo lograste, por medio de acuerdos y diálogos podríamos negociar- dijo Gormir.

--Te proponemos que cese la sangre de nuestras razas, y convivamos en paz ustedes y nosotros, no es justo para ninguno, en este momento se están matando allá afuera nuestros pueblos y nadie se esta beneficiando en esto- prosiguió Guaracay.

--Hemos visto que han fundado ciudades en los alrededores de nuestras tierras y todos han sabido convivir, después del sometimiento, te proponemos que convivan con nosotros pero sin sometimientos de ningún tipo.

Horpa meditó las palabras de los elfos, se escuchaban los gritos de dolor, de muerte al fondo de ambas razas, choque de espadas y explosiones.

--Cese al fuego, acepto su trato…….tienen razón, basta de enviar a muerte a nuestras razas, total si nuestros pueblos llegan a matarse por completo ¿quienes entonces vivirán allí?

Horpa ofreció su mano y Guaracay se la estrecho, fue allí cuando hubo el cese al fuego.

Luego empezaron a convivir humanos, elfos y todas las razas existentes en Nirguda y Temerla, al fundar la Ciudad los humanos colocaron el nombre de Nirguda al territorio completo de Temerla y Nirguda.

--Nuestras razas están libres de estar juntas- dijo Romina.

--que va a pasar con nosotros ahora? Ya no tengo otra misión aquí, perdone la vida de Horpa,

--¿Pero a donde iras?

--No lo se, pero ya cumplí mi misión entre ustedes

Romina lo mira con ojos tristes y le da un fuerte abrazo.

--Que te vaya bien mi preciado compañero, te extrañare siempre.

Ely la ve a los ojos y se consigue con lágrimas en su rostro.

--No se que es lo que siento, es algo extraño.

Romina lo interrumpió con un pequeño beso en los labios.

A Ely le temblaban las piernas, le busco dar otro beso, Romina acepto gustosamente, y sin mas, se fundieron en un profundo y apasionado beso….

Habían resuelto todos los conflictos de sus razas únicamente hablando, negociando, acordando resolver cualquier inconveniente sin guerras ni violencia.


FIN

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