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PRESENTEEditar

PregoEditar

Vladimir fue a encontrarse con su amada. La había conocido hacía muy poco tiempo y en extrañas circunstancias, pero creía que la amaba lo suficiente como para tener una relación seria. Habían salido ya dos veces y en la segunda formalizaron el noviazgo. En esos momentos Vlad viajaba en un autobús hacia el lugar de destino, en el centro de la ciudad. Observaba la suciedad del barrio que atravesaba y podía sentir los malos olores a través de la ventana abierta. Podía ver la pobreza y el sufrimiento en el rostro de muchos transeúntes. Parecía que no eran felices; él sí se sentía cercano a la felicidad en esos momentos. Sin embargo, aquella sensación era pasajera y él lo sabía. Su felicidad duraba unos instantes, hasta que la racionalizaba y la destruía. Pero esta vez todo podría ser diferente; vislumbraba nuevos horizontes y, por vez primera, veía el futuro con optimismo y esperaba lo mejor de él. Luego, pensando en el futuro más cercano, imaginaba la cita con su nueva novia y trataba de adivinar cómo iría vestida. A Vlad le gustaba pensar en todos los posibles desarrollos de una "escena", pero casi nunca atinaba. Siempre pensaba exactamente lo que no deseaba que sucediera.

Seguía observando la ciudad y quiso mirar más arriba, hacia una de las montañas que la rodeaban. Era curioso que hubieran construido una iglesia tan arriba. Pero además era algo muy hermoso poder apreciar algo de naturaleza en esa atmósfera tan polucionada. Trató de imaginar cómo se vería todo si en esos instantes se encontrara allí, en la cumbre de esa montaña. Desde allí, todas las angustias de la opresiva ciudad se verían muy disminuidas. Muchas veces había subido hasta allí, a pie, y le gustaba pasar un buen rato observando todo desde ese mirador privilegiado. Vlad creía que eso nos daba una idea, al menos remota, de nuestra verdadera posición en el mundo. Y eso no era nada comparado a lo que sentiríamos si pudiéramos ver la Tierra desde una sonda espacial o desde la Luna. A él le gustaba filosofar acerca de todos esos temas y lo distraía del diario y rutinario vivir.

Pero poco a poco, su sistema límbico hacía que volviera al mismo tema, recursivamente, al parecer. Volvía a recordar a su amada y se imaginaba sus propios sentimientos al poder estar juntos de nuevo. Vlad lo llamaba "la enfermedad que es el amor". Porque según él y ciertos escritos psicológicos que había leído, el enamoramiento tiene unos síntomas muy parecidos a los de una enfermedad. Se siente una fuerte transpiración, el pulso se acelera, hay grandes descargas de adrenalina y, lo peor, es que el "paciente" se siente feliz con esos síntomas. Muchas veces el cuadro empeora hasta que el sujeto comienza a sufrir trastornos del sueño, alimentarios y de personalidad. Comienza a hacer cosas que nunca haría, si no fuera por el amor. Hasta la persona más impasible se vuelve romántica y son muchos los que comienzan a escribir poesía, o al menos piensan de otra forma, después de la “infección”. Afecta todos los sentidos y el sólo oír la voz de la persona amada puede agravar los síntomas. Además de todo lo anterior, el sujeto experimenta un cuadro que se puede clasificar como depresivo al percibir la ausencia del ser amado. Al volver a ver a la otra persona, el sujeto experimenta una fase maníaca.

Vlad seguía divagando sobre estos temas durante el viaje. Al fin llegó a su destino y se bajó del autobús. Ya estaba pensando en hacerlo hacía dos cuadras, pues se había subido un individuo con apariencia de maleante. Pero, al parecer, era sólo su imaginación.

Caminó por las calles mientras la oscuridad se cernía sobre la ciudad; ya anochecía. Caminar en el centro era como hacer una carrera de obstáculos; tenía que evitar la basura, los indigentes, la gente que caminaba al azar y los perros. El centro de la ciudad era un desastre, pero era el lugar escogido para los enamorados: poseía múltiples atracciones como cines, salas de conciertos, parques, etc. De cualquier manera, era un lugar peligroso. Vlad tenía que permanecer con los ojos bien abiertos, creía él, listo a salir corriendo o a atacar ante la menor provocación; esa parte de la ciudad estaba llena de criminales que lo matarían por cualquier peso. Así, que tenía que andar con cuidado.

Llegó al lugar acordado, el parque Globos rojos. A Vlad le parecía que ese parque tenía un nombre muy extraño e infantil, pero era el lugar favorito de su amada, Karen. Se sentó en una silla del parque, lejos de cualquier otro ser viviente y esperó. Prendió un cigarrillo mientras lo hacía.

La citaEditar

Después de veinte minutos de espera, Karen apareció. Estaba hermosa, según Vlad. Vestía ropa informal. La observó como si nunca la hubiera visto: era de estatura mediana, un poco morena, llevaba unas gafas oscuras, aún de noche, tenía el pelo completamente negro y caminaba con aplomo. Se abrazaron y besaron como de costumbre y se dirigieron al cine.

-Llevaba casi media hora esperándote – dijo Vlad.
-Lo siento, es que salí tarde de la universidad, tuve una reunión con el grupo para preparar la exposición – dijo Karen.
-Está bien. Bueno, de todas formas llegaremos a tiempo. ¿Qué película quieres ver?
-No sé. Alguna de terror: con muertos vivientes, hombres lobo o vampiros.
-Licantropía…Tú siempre con tus gustos góticos. Entonces que sea lo que tú quieras.
-Bueno, pero qué es licantro… esa cosa…
-Es el arte de convertirse en un animal como un murciélago (vampiro) o un lobo, aunque también en otros, creo.
-Ah, entonces veamos algo así. O si quieres ver otra cosa…
-Te voy a dejar escoger a ti esta vez. Si yo escogiera, veríamos una de ciencia ficción, pero no son muy buenas las películas de ese tipo. Prefiero los libros.
-Tú siempre tan estudioso, está bien. Mira, ya llegamos.

Hicieron la fila para entrar y mientras tanto tuvieron que darle limosna a un par de vagos que les pidieron dinero. Era mejor darles unas monedas y no arriesgarse a que desataran su ira. Hacía bastante frío y se abrazaban para calentarse. Vlad se preguntaba por qué Karen nunca se quitaba las gafas de sol, ni siquiera por la noche. Tal vez era una costumbre adquirida con los años, aunque ella era bastante joven. Ella tenía 17 años y Vlad 24. Vlad observó de nuevo la ciudad: era bastante deprimente. Si algún día pudiera irse, así fuera para la tierra donde Karen vivía antes... Ella se había mudado a Prego para poder estudiar en la universidad. Estaba estudiando licenciatura en preescolar. Sin embargo, se mudó sola, sin su familia, porque ellos tenían que seguir trabajando la hacienda que poseían. Vivía donde una prima llamada Patricia.

Después de comprar los tiquetes, pudieron entrar. Se sentaron en la parte más alta y central y comenzó la película. Karen parecía estar satisfecha con el film, a Vlad no le gustaba en lo más mínimo. Para él una película de terror era una interminable y tediosa secuencia de sangre y muertos, a veces vivientes. Prefería algo más “cerebral”, alguna película de ciencia ficción, un drama o una película de acción, inclusive… Bueno, sería la próxima vez…, pensó Vlad, aburrido. Trató de concentrarse en la película, pero no le veía ni pies ni cabeza. Unos muertos vivientes, que al final resultaron ser vampiros y hombres lobo se tomaban una ciudad. Esos personajes aparentaban ser humanos normales y convertían a sus víctimas mordiéndolos. ¡Qué original!, pensó Vlad. El mismo cuento de siempre. Hasta historia de amor tenía la película. Como si la protagonista no se pudiera dar cuenta de que estaba con un vampiro. Bueno, también era que no había muchas pistas y además ella no creía en ellos, como todo el mundo.

Vlad pensó cómo identificar un “vampiro”, si en verdad esos seres infernales existían. Según la película, le tenían pavor al ajo, a la luz del sol y... ¡La luz del sol! Recordó que Karen siempre usaba gafas de sol, era algo muy gracioso. Según eso, muchos personajes de películas serían también vampiros, inclusive uno de una película muy famosa que era un semidiós. Toda esa parafernalia gótica era algo curioso, chistoso al fin y al cabo. Vlad no podía creer cómo había gente que le gustara ese género, había algunos que se asustaban, incluso. A él sólo le producía risa.

Durante la película, fue como todos los encuentros entre novios en un cine. Un beso para aquí, uno para allá, un abrazo, palabras tiernas, etc. Pero Karen estaba muy concentrada viendo el baño de sangre que le estaban haciendo a un personaje. Se lo estaban bebiendo vivo. Esa película ya no era graciosa, era algo espeluznante. Lo insólito del caso era que Karen estaba sonriendo, parecía disfrutar del pavoroso espectáculo. Vlad creyó que era debido a una mentalidad infantil, ojalá fuera eso, pensó. Afortunadamente, sólo fue casi al final, después de esa carnicería, la película acabó y, como muchas, dejó abierta la trama para una segunda parte. Tal vez una trilogía, como todas las películas modernas.

Salieron y caminaron por la ciudad. Ya era mucho más tarde, alrededor de las diez de la noche y el centro estaba casi desierto. Sólo había uno que otro vago y gente que salía de conciertos, clubes de ajedrez o cine, como ellos. Vlad observó el cielo y le mostró la luna a su amada.

-Mira la luna. Está completamente llena – dijo él.
-Me encanta verla así – comentó Karen. - Siento algo así como un escalofrío, una emoción intensa. Siempre he sido feliz en las noches de luna llena, pero nunca tanto como hoy.
-Me gusta escuchar eso. Tal vez el escalofrío esté causado por recuerdos de cuando éramos nómadas y observábamos la luna y las estrellas…
-¿Nómadas? ¿Nosotros, cuándo?
-Nosotros como especie. Antes de que la humanidad se volviera sedentaria cuando descubrió la agricultura.
-Ah, sí, los humanos – respondió ella.

Siguieron caminando iluminados por las luces de la ciudad y la del claro de luna.

-¿Sabes qué me gustaría hacer algún día? – preguntó Vlad. - Deberíamos ir a visitar Corsila, la montaña de la ciudad. Es una vista impresionante, un buen panorama de Prego.
-Tienes razón. Pero, ¿tendría que ser de día, cierto?
-Claro, de noche es muy peligroso.
-Tal vez algún día lo hagamos.

Tomaron un bus y Vlad fue a acompañarla a su casa. Aunque tenía suficiente dinero para pagar un taxi, no quería que su novia estuviera con él por interés, así que decidió ir en bus. No llevaban mucho siendo novios, sólo unas semanas. La dejó en su casa y se dirigió a la suya, a pie, porque quedaba un poco cerca.

Más tarde, bien entrada la noche, Vlad se despertó asustado. Parecía que había estado soñando una pesadilla, pero no recordaba nada de su contenido. Se levantó y se dirigió a la cocina. En ese momento sonó el timbre. Fue hacia la puerta y observó por el ojo mágico; era la silueta de Karen. Muy extraño que ella estuviera allí a esas horas, tal vez corría algún peligro. Abrió la puerta y ella entró, bastante asustada.

-Amor, sólo se me ocurrió venir aquí. Creo que me están persiguiendo.
-¿Cómo es eso? – preguntó Vlad, todavía no bien despierto
-Cuando me iba a dormir, mi prima y yo oímos ruidos en la casa. Nos asomamos a la ventana, con cuidado, y vimos un grupo de hombres que parecía que estaban fumando y tomando cervezas. Al cabo de un rato, lanzaron una piedra y rompieron un vidrio de la casa. Mi prima está esperando en el taxi en el que vinimos aquí. No tenemos a nadie más que nos pueda ayudar. Por eso decidí venir, eres nuestra esperanza.
-Pero, la policía podría hacer más
-No creo, no en nuestro barrio…
-Entiendo. Entonces, lo único que puedo hacer es ofrecerte mi casa para que duermas hoy. Pero, no sé, un vidrio roto no es razón para salir corriendo…
-No, pero es que el grupo de criminales estaba forzando la puerta. Tuvimos que salir por la parte de atrás de la casa.
-Ah, ya. Bueno, entonces vamos a buscar a tu prima.

Salieron e intentaron ubicar el taxi. Éste nunca apareció.

-¡No puede ser! – gritó Karen. –Se la han llevado…
-¿Quiénes? – preguntó Vlad. –No, debió ser que el conductor parqueó en otro lado, tenemos que encontrarla.

Siguieron buscando y Vlad se veía cómico, según Karen, con esa pijama. Estaba muy oscuro, parecía que los postes de luz no iluminaban lo suficiente. Caminaron varias cuadras y no encontraron nada ni a nadie. Vlad volteó y miró a Karen. En ese momento, ella no tenía las gafas de sol, se las había quitado. Ella estaba viendo el cielo, a la luna. Bajó la mirada y observó a Vlad cara a cara. Éste comenzó a sentir cierta presión extraña en la cabeza y trató de dormirse otra vez. Intentó permanecer despierto pero los ojos de ella llenaban todo lo que podía ver. Después de 30 segundos de mirarla se quedó con la mente en blanco, como hipnotizado. En ese momento, ella se acercó como para darle un beso, pero en vez de eso, buscó su cuello. Vlad sintió que lo mordían y la sangra manaba de su cuello a borbotones. Ella no se despegó de él y él no tenía fuerzas para rechazarla. Al fin, Vlad recobró la consciencia y le pareció todo muy extraño, como en la película que habían visto juntos. Salió corriendo y lo último que vio fue la cara de Karen mirándolo de una forma muy extraña. Tenía los ojos enrojecidos y estaba pálida. Su aspecto había cambiado, parecía un animal parado en dos patas y no una mujer. Él corría hasta que encontró un grupo de hombres con ese mismo aspecto. Algunos de ellos estaban el piso, corriendo a cuatro patas, persiguiéndolo. Vlad no podía creer lo que estaba pasando, parecía un sueño… En ese instante, despertó.

Apenas despertó, supo que todo había sido un sueño, una pesadilla, tal vez influenciada por la película que habían visto. Se sintió aliviado y trató de recordar el sueño. Podría ser que todo el sueño se hubiera elaborado a partir del pensamiento que él tuvo, de que Karen siempre usaba gafas de sol porque era un vampiro. La sangre había sido causada por esa película. Sin embargo, todavía se sentía un poco asustado; era el sueño más real que había tenido jamás. Inclusive sentía su propia respiración dentro de él y el calor de la sangre que manaba de su cuello. Era increíble que pudiera tener esos sueños, esos deberían ser los “Sueños Lúcidos” de los que había leído un par de artículos en Internet. Decidió levantarse, anotar el sueño y después leyó unas páginas de una novela, para borrar esas horribles ideas y miedos de su mente. Al fin, se durmió, esta vez plácidamente.

SEIS MESES ANTESEditar

ChatEditar

Era un día como cualquier otro. Vlad había acabado su trabajo y había abierto el Hey Messenger. Hizo login y se abrió una ventana con un nuevo usuario:

karen91: hola corazón ¿cómo estás? ¿te acuerdas de mí?
vladdy: ?
karen91: no seas esquivo, amor. Hace mucho que no nos hablamos.
vladdy: no conozco a nadie con ese nick.
karen91: soy karen, recuerda, vlad
vladdy: aunque suene extraño no conozco a ninguna karen. Lo siento.
karen91: no es cierto. hemos hablado muchas veces.
vladdy: no
karen91: y entonces?
vladdy: no sé. Podríamos empezar por presentarnos para poder tratarnos de “corazón”
karen91: ;-) jijiji, sí, soy karen.
vladdy: soy vlad y no, usted no me conoce.
karen91: tal vez te confundí con mi primo, que también se llama vladimir.
vladdy: debió ser. En todo caso, esta forma de conocernos es muy extraña. Simplemente apareció en mi lista de Hey Messenger. Nadie le dio mi nick?
karen91: no, te lo habría dicho. Bueno, si no quieres seguir hablando conmigo, te borro de mi lista y haces lo mismo. Olvidamos todo el asunto.
vladdy: podríamos hacerlo, pero no me refería a eso. Si usted es la de la foto del perfil, creo que podríamos seguir hablando.
karen91: ok
vladdy: ya que nos conocimos, “mágicamente”, quiero adivinar quién es usted
karen91: no entiendo
vladdy: voy a tratar de adivinar cómo es usted. Primero la edad
karen91: a ver
vladdy: bueno, mirando la foto puedo decir que tiene 18 años...
karen91: fallaste
vladdy: ...pero mirando tu nick puedo asegurar que tienes 17, naciste en el 91
karen91: tienes razón. jijii
vladdy: qué hace usted? trabaja o estudia?
karen91: estudio. Puedes tutearme, suenas lejano tratándome con tanto respeto
vladdy: es que todavía no la conozco lo suficiente como para tutearla. En fin...
karen91: como quieras
vladdy: En fin... estudia, entonces adivino que... espere me concentro.... OMMMM, sí, ya está. Usted estudia algo relacionado con la salud: enfermería, medicina, instrumentación quirúrgica, biología... no, ya sé, estudia licenciatura en preescolar.
karen91: no puede ser
vladdy: bueno, entonces no tengo idea
karen91: no, digo que acertaste
vladdy: con la licenciatura o la medicina?
karen91: la licenciatura, cómo lo hiciste. parece que me conocieras
vladdy: repito que no. Es algo lógico, las mujeres siempre prefieren carreras médicas o ser profesoras.
karen91: puede ser, pero es muy extraño
vladdy: qué cosa?
karen91: que hayas adivinado. Además, nos conocimos de una forma tan rara
vladdy: tal vez sea el destino. Bueno, creo que hablaremos otro día, tengo que desconectarme
karen91: adios, besos
vladdy: adios

¡Besos! Acababa de conocerla y ya le estaba enviando besos por un chat. Vlad se desconectó segundos después. Necesitaba tiempo para pensar. Era algo atípico, al menos en él. No era que no chateara a menudo, lo hacía muy seguido, pero nunca había hablado con alguien de esa forma, alguien que simplemente hubiera aparecido en su lista de Messenger. No le gustaba, él no creía en el destino o el azar. Y había un poco de ambas cosas ese día. Karen, si de verdad se llamaba así, había aparecido en su lista. Pero había algo que no concordaba; Vlad no podía decir qué era, pero sabía que había algún atisbo de mentira en lo que ella dijo. Si era una “ella”... mucha gente en el chat engañaba a su interlocutor; había casos en los que hombres se hacían pasar por mujeres, por razones desconocidas... enfermedad mental, tal vez, pensaba Vlad. Pero tendría que encontrar la razón por la que él pensaba que karen91 había mentido. Maldita sea, pensó Vlad, cerró el Messenger y no guardó la sesión de chat. Ahora no podría revisar lo dicho. Como acababa de instalarlo, por defecto Messenger borraba el historial de chat cada vez que se desconectaba. Ahora sólo le quedaba su memoria. Tal vez mañana, cuando despertara, después de que su cerebro reorganizara las memorias con el sueño, podría recordar. Pero ya era muy tarde y tenía que levantarse temprano al otro día. Tenía una entrevista de trabajo; estaba harto de trabajar independiente.

Durante gran parte de la noche soñó con una muchacha que lo perseguía por todas partes hasta que al final del sueño se acercaba y comenzaba a transformarse en algo… en ese momento, despertó, sobresaltado.

Nuevo empleoEditar

Desafortunadamente Vlad no recordó nada especial, nada que pudiera ser una mentira en la conversación de chat del día anterior. Fue a una entrevista de trabajo ese día y entró al edificio donde iba trabajaría pronto, si lo recibían. El portero lo anunció, tuvo que subir 6 pisos en un ascensor y timbró.

-Buenas tardes. Mire, soy Vlad Pérez y vengo por la entrevista para el cargo de programador. -Siga y espere en esa sala. Le avisaré al jefe.

Vlad ingresó y se sentó en un cómodo sillón. Había 4 de éstos, dos para una persona y otros dos para dos. Vio un cenicero, por lo que decidió que podía fumar allí. Encendió su cigarrillo y esperó. Mientras tanto, observó la estancia. No parecía una empresa de software; ni siquiera parecía una empresa. Era como una casa vieja o un museo. Los muebles eran del siglo pasado, al parecer, y se respiraba una atmósfera de antigüedad en el ambiente. No había revistas ni nada que pudiera leer en la sala de espera, por lo que tuvo que entretenerse con su cigarrillo. Cuando iba a encender el segundo, apareció un señor que se dirigió a él.

-Usted debe ser el señor Pérez. – dijo el recién llegado, lacónicamente
-Sí.
-Mucho gusto en conocerlo. Soy Mark Powers
-Mucho gusto. Vladimir Pérez.
-Bien, ahora sígame.

Se dirigieron a una oficina vacía. Mark le hizo tomar asiento a Vlad y comenzó la entrevista.

-Bueno, -dijo Mark, a modo de introducción - como habrá intuido yo seré su jefe inmediato, en el caso dado de que lo contratemos. Revisé su hoja de vida y me parece formidable, es exactamente lo que necesitamos. Me gustaría hacerle unas preguntas.
-Escucho.
-Aquí dice que usted no culminó su carrera universitaria. ¿Puedo saber por qué?
-Pues... es una larga historia. Trataré de resumir. Mire, mi sueño ha sido dedicarme a la programación, es decir, al desarrollo de software. Ingresé en la universidad con esa meta en mente. Pero, dadas las circunstancias, la universidad no era lugar para aprender sobre ese tema. El énfasis estaba en la gerencia y en otros aspectos empresariales; veíamos pocas clases de programación y no eran de la calidad que yo esperaba. Así, cuando mi padre murió, tuve que salir de estudiar y dedicarme a trabajar, para mantenerme.
-Entiendo. Otra pregunta, ¿por qué el apellido de su padre difiere del suyo?

“Difiere”, pensó Vlad. Se notaba que Mark hablaba español como lengua madre. Además, su aspecto y su entonación indicaban que provenía de Inglaterra.

-El apellido de mi padre es diferente al mío porque soy huérfano. Fui dado en adopción por unos parientes lejanos cuando mis padres murieron. Nunca conocí a mis verdaderos padres. Mi padre adoptivo se separó de su esposa al poco tiempo de adoptarme y él falleció hace unos años.
-Está bien. Estoy impresionado por su hoja de vida, en particular la parte de los idiomas. Aquí dice que usted habla inglés en un nivel avanzado y alemán en un nivel intermedio. ¿Dónde los estudió? No encontré esos datos en su curriculum vitae.
-Tiene razón. No están ahí. Le seré sincero, los idiomas extranjeros, al igual que la programación los aprendí de manera autodidacta.
-Debe ser muy inteligente usted. Muy poca gente puede aprender gran cosa de forma autodidacta. Yo también aprendí español de esa forma, pero fue después de dominar otros dos idiomas, los cuales los aprendí en institutos especializados. Yo tendría que hacerle una prueba de conocimientos de programación y creo que podremos contratarlo. El único obstáculo está en convencer a mis superiores; ellos no ven con buenos ojos el aprendizaje por sí mismo, prefieren títulos universitarios. Pero usted y yo sabemos que los grandes hombres fueron autodidactas y que, de cierta forma, los autodidactas son más creativos. Al menos eso es lo que yo pienso sobre el asunto.
-Me alegra mucho saber que podría contratarme. Estoy listo para la prueba.
-Yo también. Hagámosla ya mismo. Siéntese en frente de ese computador de la esquina y comenzaremos la prueba.

Después de eso, Vlad obedeció y Mark le dictó los enunciados de los programas que debía hacer. Ese computador no tenía conexión a Internet o a la red; sólo tenía un compilador de lenguaje C y uno de Java. Las pruebas eran principalmente en Java. Tuvo que diseñar una interfaz de usuario para un programa de cartera con botones, menús y ventanas. A continuación tuvo que implementar una sencilla base de datos para el manejo de una biblioteca usando MySQL y jdbc. Después de varias horas, Mark dio por terminada la prueba, bastante satisfecho.

-Estoy más impresionado con usted mucho más ahora – dijo Mark, con su español adornado. - Veo que tiene un acervo conocimiento del lenguaje Java y de bases de datos. ¿Es su lenguaje favorito?
-No. Mi lenguaje favorito es el C. Sin embargo, he notado que Java es un lenguaje con mucho futuro y últimamente he desarrollado un par de aplicaciones con él.
-Está bien. Entonces, por mí, queda contratado. Traeré el contrato para que lo lea detenidamente y después lo presentaré a mis superiores. Yo creo que puedo convencerlos, dados sus conocimientos avanzados de desarrollo de software y de idiomas. Tal vez se presente la oportunidad de enviarlo al exterior. Espéreme aquí y organizaremos todo. Puede ir instalando el software necesario para programar en ese otro computador, el que va a ser el suyo. Éste sólo lo utilizamos para las pruebas a los nuevos trabajadores. Felicitaciones de nuevo!
-Gracias, me siento halagado.

Mark salió de la oficina dispuesto a traer el contrato. Vlad organizó el que sería su escritorio y se dispuso a instalar el software. No podía encontrarlo. Al fin, abrió el cajón de su escritorio y ahí se encontraban los instaladores con las instrucciones. Se dispuso a completar esa tarea y ya vislumbraba su futuro formando parte de esa importante empresa.

LenderEditar

Al cabo de dos semanas solamente, Vlad estaba agotado. Nunca pensó que el trabajo en esa empresa, Basilisco, fuera a ser tan excesivo. No era que se arrepintiera, afortunadamente Vlad era un adicto al trabajo, pero no era lo que esperaba. Cuando fue contratado, pensó que iba a programar una base de datos común y corriente, con ciertos datos financieros. Ahora sabía que el programa que estaba elaborando era un software financiero avanzado para la creación y manejo de créditos con muchos parámetros que, además, debía utilizar una base de datos robusta para su almacenamiento. Este software, Lender, se iba a utilizar en los bancos para poder manejar la cartera de dichos créditos. La primera etapa, en la que se encontraba, era crear un programa en lenguaje Java que hiciera lo mismo que hacía un programa existente, “Vender”, hecho por la empresa. Vender manejaba los datos relativos a un solo crédito y no tenía opciones para pagar y actualizar la deuda; sólo mostraba el cálculo inicial del crédito, con la cartera para todos los meses venideros. El nuevo programa, Lender, tenía que manejar miles de créditos, cada uno con sus parámetros específicos como el monto, la duración, las cuotas ordinarias con cierta periodicidad, cuotas extraordinarias, períodos especiales, desembolsos, etc. No era algo difícil desde el punto de vista de la programación, pero Vlad había tenido que estudiar varios libros de finanzas para poder comprender el proyecto. Por suerte, el modelo matemático ya estaba construido y lo único que tenía que hacer era convertir el software Vender en el nuevo Lender. Lo cual no era una tarea fácil; tuvo que comprender el antiguo software a fondo para después reescribir las partes principales en el lenguaje Java. Vender estaba escrito en otro lenguaje más sencillo, no orientado a objetos.

A pesar de la dificultad y de las múltiples horas de trabajo y cansancio, Vlad estaba satisfecho. No le quedaba mucho tiempo libre, pero había escogido ese camino. Durante el tiempo inmediatamente anterior a ese trabajo, Vlad no estaba ganando mucho dinero como trabajador independiente. Había terminado un proyecto grande, del cual pudo ahorrar ciertas ganancias, pero en esos días no contaba con nuevos proyectos y el dinero ya se le estaba acabando. Por eso decidió emplearse, lo que nunca había hecho, porque consideraba que era más rentable y cómodo trabajar desde su propia casa y ser su propio jefe. Sin embargo, Vlad era inteligente y supo amoldarse a esa nueva situación; la única solución que encontró fue buscar un trabajo estable. Además, durante el tiempo en que estuvo gastando las ganancias de su proyecto anterior, Vlad se estaba “descarriando”, como él mismo pensaba. Dedicaba horas enteras a chatear por Internet, a jugar, etc. No estaba progresando como persona. Un trabajo en una empresa como Basilisco lo había ayudado a retomar las riendas de su propia vida. Por esa razón estaba satisfecho con su nuevo empleo.

Llegó a su propia casa, extenuado. Consultó su correo y, aparte del correo 'basura' (spam) de siempre, encontró uno de karen91:

karen91@heymessenger.com: Hola corazón, espero que no me hayas olvidado. Nos vemos en el chat. Besos.

A Vlad le causó gracia ese correo. “Nos vemos en el chat”, decía. Algo completamente absurdo. Uno no veía a la gente en el chat. Bueno, de cierta forma sí, si usaba una cámara web, pero karen había mencionado que no tenía una, Vlad recordaba:

karen91: tengo un computador portátil de mi papá que no tiene webcam ni micrófono ni nada. y todo el tiempo dice que no tiene espacio...

Algo así le había dicho... Vlad tenía una memoria prodigiosa y recordaba conversaciones enteras en su mente. No literalmente, obviamente, sólo recordaba las ideas principales y luego reorganizaba las frases en su mente. Decidió, después de muchos días de vivir sin chatear, volver a hacerlo ese día. Estaba muy cansado y necesitaba hablar con alguien. Vlad era consciente de que Karen, si ese era su nombre, no era la persona indicada para hablar; era una completa desconocida. Pero él no tenía padres ni familia cercana; era muy tímido en la vida real para tener amigos. Tenía una larga lista de amigos en sus contactos del chat, pero eso era una cosa completamente diferente. Para Vlad, los contactos de un chat no eran verdaderas personas; eran imágenes virtuales de las personas reales. Como su avatar, el nombre con el que se conectaba, vladdy. Vladdy no era el mismo Vlad, él era consciente de que actuaba de una manera diferente a como lo haría en el mundo real. Por ejemplo, en el chat vladdy tuteaba a karen, algo que nunca había hecho Vlad en su vida con una persona de carne y hueso...

Continúe en Capítulo 2

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