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Amor en una sala… de chatEditar

Vlad se sintió mal al reinstalar el Messenger. Había planeado que no iba a volver a chatear desde que comenzó a trabajar. Era una completa pérdida de tiempo. Si deseaba socializar con alguien, más le valía hacerlo con una persona real, pensaba él. Pero no poseía mucho autocontrol, razonaba; si tuviera autocontrol no estaría fumando en ese momento tampoco. Algún día tendría que abandonar esos dos vicios, alguno de los dos terminaría por arruinar su vida. Vlad era consciente del riesgo del cáncer de pulmón, él no era como la mayoría de jóvenes que se creen tan especiales que confían que esa enfermedad no los tocará. Había leído mucho sobre los efectos nocivos de la nicotina. Él sabía el peligro que corría pero había decidido que la razón para ello era cierto odio semi-inconsciente hacia su propia persona. Sin embargo, conscientemente, su “auto-odio”, como él lo llamaba, era muy real. Su autoestima estaba muy por debajo de donde debería estar, dados sus múltiples conocimientos y virtudes, sin embargo, él no se veía a sí mismo en la justa medida. Así que reinstaló el programa, como un autómata, y buscó a karen91 de nuevo, para continuar con la farsa de socialización del chat.

vladdy: hola
karen91: hola amorcito. Perdona que te llame así, pero es que así trato a las personas de confianza
vladdy: sí, eso veo. Confianza? Apenas me conoce.
karen91: lo poco que conozco de ti me agrada. Pero, por que estas así, tan frio? por que no me tuteas
vladdy: lo había olvidado. Había estado muy ocupado estos días y no recordaba que lo hacía contigo.
karen91: como quieras. que has hecho ultimamente, pense que estabas brabo conmigo. 
vladdy: bravo? no, lo que sucede es que conseguí un nuevo trabajo y he estado ocupado.
karen91: qué bien! me habias dicho que estabas mal de dinero espero que estes contento
vladdy: estoy satisfecho. Lo que pasa es que estoy cansado, he trabajado mucho. Mis jefes se han dado cuenta de que soy adicto al trabajo y se han aprovechado de mí
karen91: pobrecito mi vladdy. te tengo buenas noticias.
vladdy: que bueno, cuáles?
karen91: bueno, la primera es que estoy en un cyber y tengo camara web
vladdy: por fin! deseaba verte desde que te conocí.
karen91: yo tambien. ;-)
vladdy: entonces prendela, quiero verte
karen91: si. pero quiero verte primero. si tu lo haces te dejo verme
vladdy: no, yo te lo dije primero. Ponla

Después de un rato, karen91 accedió a su petición. Vlad se sintió desconcertado. Normalmente, Karen aparecía con unas gafas de sol en la foto de su perfil, se veía muy diferente ahora. Y lo peor, es que se veía muy joven en comparación con él. Tenía 7 años menos pero se notaba. Al cabo de diez segundos, Karen cerró la cámara, Vlad no pudo seguir observándola. Vlad maldijo porque no tuvo la rapidez necesaria para tomarle una captura de pantalla (screenshot) para analizar su cara después. A él le gustaba analizar a las personas, le gustaba adivinar cómo eran mirando una foto de ellos. Lo hacía con todo el mundo, con la gente de las revistas y después averiguaba algo de su biografía para ver si había acertado en algo.

karen91: ahora tu, lindo
vladdy: te asustarias
karen91: no seas tonto, quiero verte
vladdy: ahí está el problema. No tengo webcam.
karen91: no. es injusto dijiste que yo iba a verte despues, mentiroso. >:)
vladdy: sí, lo dije, pero no soy un mentiroso. Lo cumpliré, mañana iré a un café Internet y usaré una webcam, sólo tienes que esperar.
karen91: no es lo que yo esperaba.

Siguieron hablando de temas intrascendentes, como de costumbre. Karen dijo que le estaba escribiendo un poema a Vlad.

vladdy: un poema? a mí, por qué?
karen91: no se si lo has notado, pero entraste en mi corazón sin pedir permiso...
vladdy: ay dios. Yo siempre pido permiso, lo dices en serio?
karen91: sí, siento algo especial por ti
vladdy: y ese algo es...
karen91: amor, te quiero, vladdy
vladdy: en serio?
karen91: es en serio, amor
vladdy: pues eres mi primer ciber amor, nadie me había dicho eso por un chat. Pero, recapacita, no me conoces.
karen91: te conozco lo suficiente como para que hayas entrado en mi corazón. Me tienes atrapada. Suena extraño, pero eso es lo que yo ciento.
vladdy: lo que pasa es que no me lo esperaba; yo siento algo similar.

Y eso fue la declaración mutua de amor entre ellos, a través de un chat, de la manera más romántica del mundo. Esa noche, Vlad se desveló, no pudo dormir bien la mayor parte de la noche. Pensaba que se había vuelto un enfermo, enamorándose de otra persona a través de un chat. Tal vez habría una patología en DSM-IV para eso, cerca a la compulsión por el juego. No era su intención llegar a concretar un amor, cuando se conectó ese día; simplemente deseaba hablar con alguien; se sentía completamente solo. Pero el resultado fue muy diferente, ahora se sentía vacío. El amor es inmisericorde y ataca sin previo aviso. Todo era muy extraño para Vlad, necesitaba reorganizar sus pensamientos. Primero, una mujer, si de verdad lo era, aparecía en su lista de contactos, misteriosamente. Luego, la clásica amistad por chat, con su conversación insulsa, era algo que Vlad no comprendía; era algo completamente extraño en su personalidad. Recordaba que en una época fue enemigo del chat, criticaba a todos cuanto lo usaban; ahora lo utilizaba casi a diario. Luego, el amor. No, no podía ser, algo estaba mal, no estaba teniendo control ni de su vida ni de sí mismo. Después de tanto meditar sobre el asunto, por fin recordó la primera frase que ella le escribió en el chat, algo así como:

karen91: hola corazón (o era amorcito?), te acuerdas de mí?

Por fin encontró la mentira. Ella explicó que lo había confundido con el primo, porque éste también se llamaba Vladimir. Lo cual era una falacia por dos razones: primero, Vladimir no es un nombre muy común, es de origen ruso. Segundo, lo más importante, una mujer normal no le diría “corazón” o “amorcito” al propio primo. Eso era lo que no concordaba en su primera conversación. Así que existían dos posibilidades: karen estaba enamorada de él y, verdaderamente, se conocieron accidentalmente. Lo cual, viéndolo bien era poco menos que imposible. Su nombre, vladdy, era muy diferente al nick del primo de ella vladimir_torres2000. Así que no podía existir confusión en los nombres. Además, ¿cómo consiguió ella el nick vladdy? No le había preguntado, pero estaba casi seguro de que ella diría que no recordaba el nick de su primo, y “se le ocurrió” escribir vladdy, algo completamente ilógico. Además, era obvio que el primo se acordaba de ella, por lo que ella no debería haber preguntado eso.

Fuera lo que fuera, ahora debería tomar una decisión: debería saber si seguía “hablando” con ella en el chat o no. Y sabía qué era lo que debía hacer, pero también sabía qué era lo que iba a hacer, todo lo contrario...

Quién es karen91?Editar

Vlad trabajó arduamente al día siguiente. Se olvidaba de las preocupaciones cuando trabajaba y era más productivo si estaba preocupado. Después de salir del trabajo se dirigió a su casa, pensativo. Tomó el bus de siempre y tuvo que irse parado durante todo el viaje. El bus estaba bastante lleno y tenía que estar alerta, lo podrían robar si se confiaba. Sin embargo, él siempre escondía bien el dinero, no lo llevaba en un bolsillo. Vlad estaba pensando en Karen, para variar, pero lo hacía desde una nueva perspectiva. Recordaba su razonamiento del día anterior, por el cual había descubierto que la primera frase de Karen fue una mentira. Si era como pensaba, ¿qué podría esperar del resto de su conversación? Lo que no podía entender era por qué ella lo había contactado. De alguna manera había conseguido su nick de correo y había entablado amistad con él. Pero, primero que todo, Vlad se preguntaba: ¿quién es karen91? Todo lo que sabía de ella lo había averiguado por medios virtuales. Sabía que vivía en la capital de un departamento, porque había rastreado su dirección de correo. Así que en esto no había mentido, al menos. Sabía que era una mujer porque la había visto en una webcam, pero podría ser una filmación de otra persona, no podría asegurarlo. Podría inclusive ser un hombre. El solo pensar esto le causó repulsión y decidió que no volvería a chatear con “ella”. Pero, de todas formas, karen91 actuaba como una mujer, un hombre no podría fingir tanto. Y la opción de que fuera una avanzada inteligencia artificial estaba completamente descartada.

Vlad seguía cavilando mientras observó que un vendedor ambulante subió al transporte. Comenzó recitando el mismo discurso de siempre, con una entonación inapropiada: “Señores pasajeros, somos un grupo de jóvenes que nos subimos al transporte urbano para vender este producto alimenticio para comer que tiene un costo y valor de tan sólo…”. A Vlad le parecía curioso que todos dijeran lo mismo, ya sea que vendieran un cepillo de dientes, galletas, libros, lo que fuera. Y todos eran rehabilitados o tenían que mantener una familia numerosa. Vlad estaba harto de vivir en esa ciudad superpoblada y hambrienta, desearía poder salir de la jungla de cemento e irse al campo, al menos durante unas vacaciones. Pero si antes no las había tomado, ahora, con su nuevo trabajo, era imposible. Además, no era tan solitario como para ir a un paseo completamente solo. Así que tendría que seguir aguantando su monótona existencia.

-No, gracias, no quiero – le dijo Vlad al vendedor.

Al final, el vendedor no vendió absolutamente nada. Parece que les gritó algo a todos los pasajeros y se bajó del bus, corriendo. Vlad se sintió aliviado porque ya estaba cerca de su casa. La locura terminaría pronto. El bus dio un giro hacia la derecha que casi lo hizo caer y Vlad volvió a su tema obsesivo: Karen. Ahora se hacía la segunda pregunta, que en realidad eran dos: ¿por qué?, y ¿por qué a mí? Había pensado varias respuestas posibles, pero no sabía si había encontrado la verdadera. Hizo una anotación mental:

1. Ella es un hombre, un enfermo mental que se hace pasar por mujer
2. Ella es un espía
3. Ella es una criminal que recluta gente para una organización revolucionaria o, simplemente para robarlos o secuestrarlos
4. Ella es una mujer normal y está enamorada de mí

Vlad no creía posible que la respuesta 4 fuera la verdadera, aunque lo deseaba. Tendría que pensar con cabeza fría. “A ver”, pensó, “no creo que sea un hombre, porque tendría que saber mucho de psicología femenina. Además esa opción me repugna tanto que no puedo ni pensar en ella. Además, la ‘vi’ en la webcam, así que al menos hay una mujer que se dejó filmar para que yo la viera. Descartada, por el momento. La 2, que sea una espía, puede ser, pero yo no soy ninguna persona importante para que me vigilen, así que tampoco puede ser, también por el momento. La 3, que sea una criminal podría ser muy plausible porque…

En ese instante, sintió que alguien le hurgaba el bolsillo trasero del pantalón, con suavidad. Trató de moverse para zafarse, pero tan pronto lo hizo, sintió un objeto puntiagudo en su espalda y una voz que le decía: “Quédese quieto y entrégueme el dinero, esto está tan lleno que puedo herirlo y lanzarme del bus y nadie se daría cuenta. Créame, lo he hecho muchas veces…”. Vlad asintió y se quedó paralizado. Sopesaba las posibilidades, podría gritar y tal vez la turba detuviera a su agresor, pero sabía que éste intentaría herirlo como pudiera, así que era mejor no hacerlo. El cerebro de Vlad pensaba a una velocidad asombrosa en esos instantes, era lógico, era un animal en peligro y la adrenalina potenciaba su sistema nervioso. Podría luchar con él, pero Vlad no cargaba ningún arma. Así que no le quedaba otra opción que entregarle el dinero. Pero, podría ser que su agresor lo hiriera, sin embargo. Pero Vlad pensó que no, que no podría…

-Oiga, púrele que lo vuelvo una na’a con este chuzo - le dijo el atracador.
-Está bien. Tenga

Y le entregó todo el dinero que poseía. En ese momento, el atracador lo recibió y salió corriendo por la puerta de atrás. Ya le tenía un pie encima desde antes y la abrió con fuerza, luego se lanzó con el bus andando. Parecía que tenía razón, pensó Vlad, lo debe haber hecho muchas veces, sin que lo hayan apresado. “¡Maldita sea!”, recapacitó Vlad. “Por andar pensando en criminales que secuestran gente que conocen en un chat me pasó lo que me pasó. Tendré que estar más alerta, ahora me quedé sin dinero para comer esta noche. Ni siquiera compré nada antes…”.

Vlad llegó a su destino, destrozado. Sus nervios estaban descontrolados, se sentía derrotado y miserable. Entró en su casa hecho una furia. No pudo dormir muy bien esa noche, por obvias razones.

PRESENTEEditar

Amor en la primera citaEditar

Pasaron las semanas, la neocorteza de Vlad estaba fuertemente concentrada en programar Lender, pero su sistema límbico no se separaba de Karen. El recuerdo del atraco que había sido objeto lo sentía lejano. A ella, sin embargo, la pensaba a todas horas, se había convertido en una obsesión para él. Era algo completamente disparatado, pero así era el amor. La única diferencia era que Vlad nunca había visto a su “amada”. Lo más cercano a verla fue una imagen pixeleada de una webcam. Lo único que sabía de su apariencia física era que su cara era un poco morena, porque provenía de una tierra donde la gente era de ese color, en su gran mayoría. Ella no vivía en Prego, ésa era la razón por la que no se habían encontrado en el mundo real, todavía. Sin embargo, ella iba a ir a la ciudad durante unas vacaciones y vendría sin su familia, afortunadamente para ellos dos. Se quedaría en la casa de una prima y ésta no objetaría que ella se encontrara con un amigo. Obviamente, la prima de Karen, Lina, no sabría que Karen se encontraría con un amigo conocido por chat. Karen le diría que era un antiguo amigo, alguien que había conocido en el colegio, pero que se había mudado a la capital. Así todos estarían felices y no comenzarían las habladurías. Esa idea la tuvo Vlad; Karen no se preocupaba demasiado por la reacción de su familia. Pero, como Vlad sabía, Karen era una adolescente, muy a su pesar. Creía que ser la niña consentida le daba derecho a pasar por encima de la ley de sus padres. Sus padres nunca consentirían el amor entre ella y él por la diferencia de edad. Además, Vlad aparentaba ser mucho mayor de lo que era, por la profundidad de su conversación y sus conocimientos. Así que tendrían que andar con cuidado.

Al fin, en una de tantas sesiones de chat, Karen le comentó a Vlad que visitaría la capital en unas vacaciones. Vlad sintió emociones ambivalentes. Estaba contento porque su amada virtual se iba a volver una persona de carne y hueso para él, podría verla, oír su voz, olerla y tocarla, tal vez. Sin embargo, no era una situación común y corriente para él. No estaba acostumbrado a conocer nuevas personas; sus últimos amigos fueron los del colegio, pues en la universidad no tuvo ninguno. Sus novias habían sido muy pocas; Vlad tenía otros planes para su vida y no había dedicado mucho tiempo al amor. Pero, ahora todo era diferente. Estaba enamorado de una mujer virtual y aún no sabía si se atrevería a dar el siguiente paso: conocer a la mujer real detrás de la virtual. Además, todavía no se podía considerar una mujer, era una adolescente. Vlad se sentía atormentado por todo eso y le comunicó a Karen que no sería prudente verse. Era muy pronto, además, la familia de ella podría enterarse y hacer algo contra él. Ella era menor de edad y debería seguir las órdenes de sus padres. No deberían encontrarse, aquello no debería pasar de una relación amistosa a través de un chat. Pero ella no comprendía. Ella, como la adolescente que era, no veía los peligros de la diferencia y el hecho de que los dos eran desconocidos. Ella le contaba mucho sobre su propia familia y Vlad conocía el nombre verdadero de ella, inclusive... Vlad le recomendaba que no hiciera eso con nadie, ni siquiera con él. No era que no estuviera interesado, pero una muchacha no debía divulgar sus datos personales a desconocidos. Porque eso era lo que Vlad era para Karen, un completo desconocido, una voz en una conversación, nada maś. Si había algo parecido al amor, esto si no lo dijo Vlad ante ella, era pura imaginación de dos seres inmaduros y con poca experiencia en el amor. Porque eso eran, según Vlad.

Vlad se desconectó de la sesión de chat y fue a cocinar algo para comer. Tenía unos conocimientos rudimentarios de cocina y podía hacer su propia comida. Cuando le sobraba algo de dinero salía a comer fuera. Se fue a dormir y esta vez soñó con hombres lobo, en vez de vampiros.

Pasaron los días. Siguieron comunicándose por chat, pero el día anterior, antes de que ella llegara a la ciudad, hubo un cambio de planes. Era algo completamente inesperado y, tal vez, peligroso, pensó Vlad después de que lo supo. Ella no tomaría las vacaciones donde su prima porque aquella iba a visitar a sus padres, en el campo. Por lo tanto, Karen ya no iría a Prego. Vlad se sintió bastante desilusionado y vio que todos sus planes se iban abajo. Muchas veces habían sucedido situaciones similares, en las que tenía que agachar la cabeza ante la omnipotencia del destino. Parecía que era una situación parecida. Sin embargo, todavía quedaba una luz de esperanza. Karen le dijo que ella, en realidad, tendría que pasar las vacaciones en una finca de sus tíos, que quedaba en un pueblo cercano a Prego. El pueblo, Umbría, era de tierra fría, era lo más cercano a un páramo que Vlad había vivido. Había estado de pasada, porque el bus intermunicipal que lo llevó una vez hacia un pueblo más templado tuvo que pasar por allí. Era un panorama desolador y triste. A pesar de todo, era su única oportunidad.

Vlad le dijo a Karen que necesitaría unos días para pensarlo; alegó que estaba un poco mal de dinero y que tendría que ahorrar para el hotel. Karen dijo que no lo presionaría; que hiciera lo que sintiera. Vlad pasó varias noches de insomnio; el no dormir lo suficiente se había vuelto la regla en él desde que estaba involucrado en esa extraña “relación”, relación a distancia, si se le podía llamar de esa manera, pensaba Vlad. Sólo había dos posibilidades: aceptar ir a Umbría, congelarse y conocer a su amada u olvidar todo el asunto para siempre. Porque Vlad sabía que si no la podía ver en ese mes, la tendría que olvidar; no tenía sentido seguir alimentando un amor con alguien al que se tienen muy pocas posibilidades de ver en la vida real.

Sin embargo, tomó una decisión. Era algo completamente insólito en él, pero así eran las cosas desde el dichoso día en que la conoció. Iría a ese pueblo y resolvería esa situación de una vez por todas. Así lo dijo a su amada y comenzó a planear el viaje. Tenía cierto dinero ahorrado, dado que ya llevaba varios meses trabajando. Además, era hora de tomar un descanso. Sólo serían tres días, pues estaría allí solamente durante un fin de semana con día fiesta; sin embargo, ella permanecería allí casi todo el mes, dado que estaba en vacaciones, de la universidad. Él no podía pedir permiso para salir a viajar tan pronto, debería esperar las vacaciones de fin de año.

Llegó el día de la partida. Se dirigió al terminal y le tuvo que repetir el pueblo que viajaría dos veces a la vendedora de tiquetes. Era un pueblo donde casi nadie viajaba, mucho menos en esa temporada. Por lo que Vlad había podido averiguar por Internet, Umbría era un lugar muy frío, por lo tanto, poco turístico: no tenía casi ningún lugar histórico o importante. Durante unas luchas que hubo en la década anterior se había desplazado a una gran cantidad de población y, los pocos que quedaron, fueron masacrados. También había oscuras leyendas sobre ese paraje, pero Vlad no les prestó la más mínima atención; no creía en las supersticiones de la gente. Por lo general, los lugares fríos siempre engendran leyendas en la imaginación popular. Al fin, la vendedora le vendió los tiquetes, mientras Vlad recordaba su conocimiento sobre Umbría. Subió al bus intermunicipal y se acomodó.

Durante el viaje, Vlad quiso volver a Prego. Era lo más ilógico y arriesgado que había hecho durante toda su vida. Se iba a encontrar con una desconocida, no sabía ningún dato real de ella, excepto por el nombre. Vlad no sabía por qué, pero ella le inspiraba confianza, después de todo, era la persona que se había ganado a su corazón. El viaje transcurrió sin novedad, poco a poco, Vlad fue olvidando sus temores y asumió su destino. Observó por la ventana los diferentes paisajes que cruzaba y se fue sintiendo algo alegre, algo atípico en él. Al cabo de unas horas, comenzaron el ascenso al páramo. Vlad sintió las primeras ráfagas de viento helado a través de su ventana; no la cerró, porque debía acostumbrarse a ese clima. Afortunadamente para él, no sufría de ningún tipo de enfermedad pulmonar, todavía. Al fin, llegó a su destino.

Se apeó del transporte y trató de ubicarse. El pueblo era como todos los pueblos de ese país: una plaza central donde se encontraban la alcaldía, un parque con árboles, varios bancos y la iglesia... La iglesia... por cierto, ¿dónde estaba? Vlad recordó que había sido destruida en una de tantas luchas. Los campesinos no la habían querido reconstruir, habían convertido en iglesia una de las casas y la misa se oficiaba desde allí. Muchos estaban temerosos de que los grupos armados volvieran, por lo tanto, no habían efectuado grandes reconstrucciones. Además, Umbría era bastante pobre y estaban pasando por una época de heladas y no podían exportar suficiente comida para obtener ingresos adecuados.

Se dirigió a un puesto de policía y preguntó la ubicación de la finca de Karen. Era la finca de la familia Ortiz. Los policías lo miraron con respeto y le indicaron el lugar. Parecía que esa familia había tenido cierto poder en el pueblo, a juzgar por la deferencia que mostraron. Luego buscó un hotel porque ya estaba anocheciendo. Al cabo de un rato, llamó a Karen por celular; desde hacía un tiempo se comunicaban por ahí. Quedaron de encontrarse en la plaza central del pueblo y ella lo llevaría hasta la finca de sus tíos.

Vlad encendió su cigarrillo y sintió un poco de calor. A pesar de que llevaba puestas tres camisetas, una camisa, un chaleco y una chaqueta muy gruesa, sentía bastante frío. No estaba acostumbrado a un ambiente tan gélido. Imaginó que Karen estaría peor, ya que ella venía de un clima templado, no de uno frío, como él. Era algo inusual que una persona de tierra caliente fuera a pasar sus vacaciones en un lugar tan frío; tal vez lo haría por variar. Vlad nunca había salido a pasear a un lugar frío, siempre era a pueblos templados o cálidos, donde podía nadar en las piscinas. A pesar de lo extraña que era su situación, Vlad se sentía optimista con respecto a su futuro cercano.

Por teléfono, ella le comentó que había llegado el día anterior y estaba ansiosa por verlo. Así que, si todo salía bien, conocería a su amada. La mujer virtual se volvería real, para él. Observó la luna, estaba llena. Vlad se sentía como en un sueño, después de todo lo que le había dado vueltas al asunto, ahí estaba él en Umbría, listo a encontrarse con la mujer virtual, la cual no lo sería más. Era real. Todos sus miedos y angustias cedieron, era una mujer y no un hombre, lo podía asegurar ahora mismo.

-Hola, ¿eres Vlad, cierto? – preguntó ella.
-Sí. ¿Y tú eres Karen, verdad? – preguntó él, a su vez.
-No, soy su prima Patricia. No te preocupes, ven, sígueme, que ella te está esperando.
-Está bien.

“Maldita sea”, pensó Vlad. Él le había dicho muy claramente a Karen que no involucrara a la familia, por el momento. Sin embargo, esto demostraba que, después de todo, Karen era algo precavida. Era mejor venir acompañada al encontrarse con un desconocido; además, Vlad no creía que sus tíos la dejaran salir sola en un pueblo desconocido, sobre todo de noche. Tal vez Karen no era como se mostraba ante él. Según ella le había dicho, tenía confianza ciega en él. Pero todo parecía indicar que no era así. Vlad se sentía engañado y se puso un poco furioso al saber que ella no era Karen. Podría ser la oscuridad reinante, pero la había confundido. Después de todo, los fugaces diez segundos durante los cuales la había visto en la webcam no habían servido de mucho: no habría podido reconocerla en la vida real. Inclusive la confundió con la prima, mala cosa, pensó él. Fueron caminando hacia un lugar más iluminado del parque, donde había una fuente. Allí estaba sentada ella, dando la espalda.

-Lo encontré, Karen – anunció Patricia, con aire triunfante.
-¿Sí? – preguntó Karen, dándose la vuelta para mirarlo.

Vlad y Karen sintieron que el tiempo se detenía en esos instantes. Era algo mágico. A Vlad le parecía increíble haber conocido a una persona, haber trabado amistad con ella y haberse enamorado a través de Internet. Nunca pensó que llegara tan lejos esa situación. Hacer unos cuantos clicks y digitar frases sin mucho sentido lo habían llevado hasta ella. Los dos se miraron a los ojos y parecía que se devoraban con la mirada. Habían entrado en una especie de trance, causado por el amor, si era eso en verdad lo que sentían. Vlad se sentía como un adolescente inexperto con su primer amor, pero tal vez así era. Nunca había amado a nadie tanto como a ella, a ella, que no era más que una conversación amena para él, hacía unas semanas. Ella había entrado en su corazón también, así como él en el de ella. Al fin, se cansaron de estar parados mirándose y hablaron.

-Nunca te imaginé así – dijo ella. – No eras lo que esperaba ver.
-Entonces, ¿estás desilusionada? Te lo dije, por eso no quería que me vieras en la webcam.
-No, no es eso. Todo lo contrario, estoy bastante feliz de verte. No pensé que fueras tan apuesto y fuerte.

Y se abrazaron. Aunque lo habían planeado, no se besaron la primera vez, estaban un poco tímidos, además estaba la prima de ella. Lo peor era que Karen le había contado todo a la prima, habían acordado en que ella debería pensar que eran dos viejos amigos. Toda esa situación podría volverse problemática si algún día Patricia se decidía a contarle a la familia sobre ellos dos. Pero, por ahora, estaban a salvo, al parecer.

Se dirigieron los dos hacia una cafetería cercana y Patricia volvió a su casa, que, según dijo Karen, quedaba cerca de allí. Hablaron de todo lo que pudieron y se conocieron mucho más. Todo estaba como Vlad lo había imaginado, Karen superaba sus expectativas. Se dirigieron a la única discoteca del pueblo, pero se dieron cuenta de que no había música. La exigieron pero el dueño les dijo que no la pondría por una sola pareja. Decidieron tomar un poco de cerveza y, cuando esta surtió efecto, se besaron.

Al cabo de unas horas, Patricia volvió, desde la finca. Después de todo, Vlad pensó, el pueblo no era tan peligroso como había sido antaño; una mujer sola venía en moto desde las afueras del pueblo y no estaba asustada. Vlad se despidió de las dos y ellas partieron hacia la finca. Vlad se dirigió a su hotel y trató de conciliar el sueño. Durmió profundamente, y al amanecer del siguiente día, no recordó sus sueños.

  • Agregar supersticiones locales sobre fantasmas o vampiros

Noche de luna llenaEditar

Se encontraron de nuevo, de noche, como de costumbre. La luna todavía estaba llena. Se saludaron y comenzaron a caminar.

-Mi Vlad querido, te quiero tanto… – dijo Karen.
-Yo también – dijo Vlad. - ¿Qué quieres hacer hoy?
-Pues no sé si sea tiempo para hacerlo, pero quiero que vengas a mi casa, es decir, a la finca de mis tíos.
-Puede ser una buena opción. Sin embargo, ¿qué dirán ellos? No sé, no creo que yo les agrade, siendo mayor que tú. Además, no verás con buenos ojos que hagan amistades en el pueblo. Por cierto, ¿qué les has dicho de nuestras salidas?
-No te preocupes. Todo está arreglado, ellos tuvieron que irse esta noche a arreglar un asunto, sólo estamos en la finca mi prima, las cocineras y yo.

Se dirigieron en la moto en la que venía Karen. Ella sabía conducir muy bien. Vlad no se acostumbraba al frío, era mucho más fuerte andando en la moto. Después de varios minutos, llegaron a la finca; no quedaba tan lejos del pueblo como Vlad creía, según las indicaciones de los policías. Era un lugar bastante grande, Vlad calculó que tendría varias hectáreas. Además, de noche no podía distinguir los límites. Abrieron una pesada reja e ingresaron. Vlad pensó que los tíos de Karen debían confiar mucho en ella y en Patricia, era algo absurdo dejarlas al cuidado de una fincan tan imponente como esa. Ingresaron con la moto y la casa principal estaba un poco lejos. Al fin llegaron. Vlad pudo observar que había más luces en otros lugares que no eran la casa; eso indicaba que habría más moradas, tal vez para los cocineros y demás labriegos. Vlad concluyó que la familia de Karen, al menos los tíos, poseían bastante dinero, a juzgar por el tamaño de la finca, la presencia de criados y la suntuosidad de la casa principal, exteriormente.

Karen abrió el candado y la puerta principal de la casa y lo hizo entrar. Había una mesa iluminada por unas velas. Karen le indicó que se sentara.

-¡Qué romántico! – exclamó Vlad. –Pero, y tu prima, ¿dónde está?
-Por eso era mi indecisión – dijo Karen. –Ella salió con mis tíos. Se supone que yo debería estar dormida; los criados tenían orden de vigilarme. Sin embargo, me hice amiga de ellos y sé ciertas cosas sobre ellos que mis tíos no deben saber. Tú sabes, los tengo en mi mano, al menos eso creo. Así que alégrate, tenemos la casa para nosotros solos… - Karen lo miró amorosamente y Vlad lo comprendió todo.
-No. Es decir, me parece bien estar aquí contigo, pero puede haber problemas. Eres menor de edad y si estamos solos en esta casa, pueden pasar cosas o la gente puede comenzar a murmurar…
-Nos amamos, es lo único que importa– dijo ella. –Estoy dispuesta a todo, no haría eso con alguien que no fueras tú.
-Pero, tú sabes, Karencita, los problemas que eso podría traer. Tus padres o tus tíos me matarían, tal vez inclusive fuera a la cárcel por corr…
-Calla. No soy una niña, el próximo año cumplo 18 años y sé cuidarme. Además, ya he tenido relaciones…
-¿En serio? - Vlad preguntó, completamente asombrado. Sin embargo, la forma en que lo dijo le demostró que era verdad.

Después de una corta plática hicieron lo que no debían, pero ansiaban desde hacía mucho. Vlad se quedó dormido después de eso. Karen lo miraba de una forma extraña. Todo su ser lucía diferente, pero Vlad no era consciente, estaba completamente dormido. Lo que Vlad nunca supo era que las copas que habían tomado tenían un sedante que surtía efecto transcurrida una hora como mínimo. Karen salió al patio y observó la luna llena. Su cuerpo temblaba, parecía un animal. Hizo signos extraños con sus manos en dirección a la luna. Ella había tomado una medicina especial, horas antes. Súbitamente, comenzó su transformación. Ella escuchó unos gritos de dolor y el patio ya no se veía. Observó un lugar teñido de sangre, sintió que caía. Las uñas de manos y pies le comenzaron a crecer. Experimentaba una súbita vitalidad, como si hubiera ingerido alguna bebida energética o algo similar, pero no era eso. Sus ojos se pusieron en blanco, los cerró y cuando los abrió habían cambiado de color, eran amarillos ahora y la pupila ocupaba gran parte de ellos. Comenzó a exhalar un olor diferente, nada humano. Sus músculos fláccidos se endurecieron, su mirada se hizo penetrante y sus dientes comenzaron a crecer. Todos crecieron un poco, pero sobre todo sus caninos. Al fin, la transformación estuvo consumada. Tenía una consciencia expandida, era como si otro espíritu morara dentro de ella. El espíritu de los murciélagos, porque ella se había convertido en un vampiro.

Rápidamente subió las escaleras y entró en el cuarto. Afortunadamente, Vlad todavía estaba dormido. Se acercó a él con ternura, aunque parecía que lo fuera a devorar o a asesinar. Tomó su cuello y lo mordió. Como sus dientes estaban bastante afilados, la sangre de Vlad comenzó a manar. Ella se hizo una herida también, de la que manó sangre, y le hizo beber a él parte de su sangre. Así, con ese ritual de sangre, estaban unidos y él podría volverse uno de ellos, de la raza de los vampiros.

¿Continuará?

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